La violencia política es el uso intencional de la fuerza física y/o psicológica para influir en el comportamiento o las decisiones de un actor político o en la persecución de un objetivo político. Esto incluye desde fenómenos de menor intensidad como el vandalismo urbano o las revueltas hasta otros de gran gravedad como el golpe de estado, la guerrilla, la represión, el terrorismo o el genocidio. Otros movimientos masivos de protesta política como son las insurrecciones y las revoluciones, aunque se inicien sin violencia, también implican con frecuencia el uso o la amenaza de la violencia, más allá de la resistencia pacífica. El estudio de estos fenómenos requiere de un enfoque interdisciplinar desde ámbitos como la sociología, la psicología, la ciencia política o la criminología, además de su contextualización histórica (González Calleja, 2017).
National Geographic. Grandes revoluciones de la historia
La violencia política puede tener una autoría individual o colectiva, y ser ejercida tanto por actores políticos institucionales como por componentes de la sociedad civil, incluidas las organizaciones criminales. En ocasiones, estas acciones tienen como objetivo acabar con la vida de un gobernante, como en el caso de J.F. Kennedy, fenómeno que se conoce como magnicidio. Cuando el gobernante es una figura dictatorial que ejerce la violencia contra su propio pueblo, pensadores clásicos como Santo Tomás de Aquino han debatido sobre la moralidad de asesinarlo, lo que se conoce como tiranicidio (Ford, 1987). Un ejemplo de intento de tiranicidio fue la fallida operación Valkiria por parte de miembros del propio ejército alemán que habría tenido como objetivo matar a Hitler y facilitar el fin de la Segunda Guerra Mundial (Heinemann, 2021). Estos fenómenos, a su vez, son objeto y alimentan todo tipo de Teorías de la conspiración sobre la autoría intelectual y las posibles razones ocultas de los mismos.
La violencia política se vale del miedo que provoca para someter a situaciones de crisis a los gobiernos y para alterar el estilo de vida cotidiano de la población, especialmente en el caso del terrorismo. La propia amenaza de su uso, en ocasiones, resulta suficiente para conseguir el efecto desestabilizador deseado en una sociedad, dada la potencial ferocidad y las consecuencias imprevisibles de los estallidos de violencia.

La guerra civil entre dos bandos de una misma nación sería una forma de violencia política resultante de una polarización política extrema en un país, como la experimentada en España durante la II República (Preston, 2018). Cabe señalar que la violencia política tiende a provocar espirales de violencia, con efectos duraderos en las sociedades, y despertando asimismo respuestas emocionales e identitarias en la población, incluso generaciones después de que los hechos hayan sucedido (Castilla Estévez, 2021).