Un sesgo es una inclinación, una tendencia que se distancia relativamente del eje de objetividad en que debería estar centrada. El intelecto humano posee naturalmente muchos sesgos cognitivos, reconocidos o no todavía por los investigadores (Nogués, 2018; Malo, 2021; López Rosetti, 2017; Nordell, 2021, Crawford, 2022, entre otros, algunos de los cuales aparecerán citados en esta voz). Para las neurociencias, los seres humanos no son seres racionales sino que son seres emocionales que razonan (López Rosetti, 2017). Esto concuerda con la idea de que los seres humanos no fueron diseñados para razonar de forma desapasionada acerca del mundo, sino que fueron diseñados de manera de promover los propios intereses y los de las coaliciones a las que pertenecen (Malo, 2021: 200). El individuo que tiene un sesgo dialoga con una expectativa y no con una realidad. Esa expectativa se forma a partir de elementos culturales: historia, mitos, encuentros reales o imaginarios, interpretaciones selectivas de la realidad que corroboran creencias previas. De ese modo, los sesgos hacen que no se vea a la persona sino a la ilusión mental de esa persona (Nordell, 2021, p. 18).
Origen y clasificación
Los sesgos funcionan como un circuito: comienzan cuando se interiorizan conocimientos culturales del mundo que rodea a cada individuo (familia, medios de comunicación, profesores, entornos que bombardean con información sobre grupos de personas). Con el tiempo se convierten en estereotipos arraigados (Nordell, 2021: 45). En definitiva, los sesgos son un síntoma de aflicción más profunda: una lógica normativa centralizadora y de largo alcance que usamos para determinar cómo se tendría que mirar y evaluar el mundo (Crawford, 2022: 334).
Se enumeran, a continuación, algunos sesgos frecuentes. Esta clasificación fue tomada de los aportes de diferentes autores, como Kahneman, 2012; Sigman, 2015; Nordell, 2021, entre otros. Vale aclarar que, en otros investigadores, la enumeración de los sesgos puede ampliarse o incluso llevar nombres diferentes para referirse al mismo fenómeno). Así, se encuentran: sesgos de supervivencia, del exceso de confianza, de la reciprocidad, de confirmación, del prejuicio de retrospectiva, del relato, de la ilusión de control, de la paradoja de la abundancia, del pensamiento de grupo, de la desestimación de las probabilidades previas, de la aversión a la pérdida, de correspondencia… (Nigro, 2022).
Todos los sesgos cognitivos explicados en nueve minutos.
Sesgos y falacias
Otra cuestión que se debe tener en cuenta es que es necesario pensar las falacias en relación con los sesgos cognitivos. Un sesgo cognitivo produce defectos en el razonamiento. En cambio, una falacia es un argumento no válido que aparenta serlo (Nogués, 2018: 164). Estos dos conceptos aparecen muchas veces unidos, ya que muchas falacias tienen éxito, porque se aprovechan de los sesgos humanos.
Los sesgos en la inteligencia artificial
La IA modelará la forma de percibir, pensar, darle un sentido y actuar en el mundo (Scolari, 2023). De este modo, el software siempre muestra la esencia del grupo que lo creó (Nordell, 2021: 243). Así que pensar en algún tipo de Inteligencia Artificial, sin sesgos, es imposible. Siempre habrá seres humanos que la crearon, sin tener conciencia, muchas veces, de sus propios sesgos, individuales y de grupo.
Los sesgos y la desinformación
Para la comunicación política, los sesgos construyen un camino de sentido, minado por las ideologías y creencias, las emociones y los mitos, individuales y grupales. Como tales, contribuyen no solo a la desinformación que abunda en las redes sociodigitales, en el periodismo, en las audiencias, en los propios políticos sino también en la interpretación que se realiza o se deja de hacer en los procesos de chequeo de datos (porque se obvian, intencional o no intencionalmente, los sesgos de quienes realizan el chequeo.) Esto supone un desafío cotidiano para chequeadores, para productores y receptores de mensajes en el área pública.