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Sentimientos

El estudio de los sentimientos desde una perspectiva politológica se ha caracterizado por la colaboración multidisciplinar. Este rasgo, a menudo, se ha traducido en una confusión o en una falta de consenso en cuanto a qué conceptos emplear, así como a la extensión de los mismos. De este modo, podemos comprobar cómo los términos sentimientos, afectos, emociones o pasiones se han empleado de un modo confuso o como términos intercambiables.

A partir de esta consideración, la idea clásica de pasiones, que comprendía tanto elementos afectivos como cognitivos, fue evolucionando hacia la idea moderna de emociones, presentadas como lo opuesto a la razón (Máiz, 2011). Por su parte, Averill (2008) tratará las diferencias entre los afectos y las pasiones. Estas últimas, indicará este autor, se limitan tan sólo al nivel sensorial mientras que los afectos cuentan también con un componente intelectual.  Será a partir del siglo XVIII cuando el concepto de emoción gana popularidad y se vaya equiparando al anterior concepto de pasión, alejándose a su vez del intelecto. Sin embargo, sería también reduccionista hacer referencia tan solo a esa transición del uso del término pasión al término emoción, pasando por alto la tradición presente detrás del concepto de sentimiento o simplificarlo al equipararlo al concepto de emoción.

Resulta muy interesante la aportación de Francis Hutcheson, uno de los principales representantes de la Ilustración Escocesa. Hutcheson establece los sentimientos como base para el desarrollo de una teoría de la acción humana, apuntando a los sentimientos como elementos clave a la hora de analizar la información del contexto (Garrett, 2003). A su vez, Adam Ferguson, filósofo ilustrado escocés, enfatizará la dimensión social de los sentimientos. En esta línea, en los siglos XVII y XVIII se conceptualiza el sentimiento como un término claramente social y colectivo.

Por su parte, más recientemente, se ha tendido a enfatizar esa diferenciación entre sentimientos y emociones. Damasio (1994) entenderá los sentimientos como cambios en el estado del cerebro que logra tal intensidad que llegan a ser percibidos conscientemente, mientras que las emociones las define como cambios en el cuerpo y el cerebro derivados de algo que percibimos. Así, podemos intuir esa caracterización más fisiológica de las emociones frente a la experiencia más arraigada y profunda de los sentimientos. Este autor identifica tres tipos de sentimientos: sentimientos de emociones universales básicas: innatas y pre-organizadas; sentimientos de emociones universales sutiles: variaciones de las emociones universales básicas que son moduladas por la experiencia; y sentimientos de fondo: se refiere al estado corporal predominante entre emociones.

António Damásio en CDI 2015

Créditos: Canal de YouTube de La Ciudad de las Ideas (YouTube).

En esta línea, Brader (2006) se refiere a los sentimientos como una suerte de conciencia subjetiva de la propia experiencia emocional, limitando la emoción a una reacción fisiológica y mental ante un estímulo. Así pues, podemos apuntar hacia cierto consenso a la hora de identificar las emociones como más fugaces frente a los sentimientos como más permanentes (Crespo-Martínez, Garrido-Rubia y Rojo-Martínez, 2022). Taber y Lodge (2006) apuntan a que el proceso de evaluación es posterior al proceso emocional a través del cual el individuo genera un sentimiento a favor o en contra en relación con un objeto, y presentan la emoción como resultado de un estado mental más difuso. En este sentido, se apunta hacia esa mayor conexión de los sentimientos con procesos de adhesión como puede ser la generación de identidades. Así, en la literatura sobre polarización afectiva comprobaremos cómo se analizan los sentimientos hacia partidos políticos, líderes u otros grupos (Gidron, Adam y Horne, 2020); mientras que las referencias al término emoción son más bien limitadas.

Artículo

Motivated Skepticism in the Evaluation of Political Beliefs

Charles S. Taber y Milton Lodge

Publicado en American Journal of Political Science, 50: 755-769. (2006)

El estudio del papel de lo emocional desde la ciencia política a partir de la década de 1970 se verá muy influenciado por el desarrollo de la psicología política. Una de las consecuencias de esto último será el mayor empleo de esa idea de emoción, limitada a sus elementos fisiológicos, frente al concepto de sentimiento, vinculado más éste a la tradición de la filosofía política. Es decir, al pasar a denominar a todo el espectro afectivo como emoción, desde esta perspectiva clínica, también se produce un cambio en la forma en la que entendemos nuestra propia realidad afectiva, comprendida a partir de procesos de carácter fisiológico y básicamente mecánicos (Greco y Stenner, 2008). Una visión reforzada con la popularización de trabajos como pueden ser, del ya mencionado Damasio, en la que se contraponían emociones y sentimientos.

Esto llevaría a entender las emociones como aquello que se desencadena cuando el cerebro percibe un objeto, y como posteriormente se determina su significado; mientras que sentimiento se entendería como algo más perdurable y profundo.  Teniendo en cuenta esto, no debería resultar extraño que a menudo el concepto de sentimiento se haya asociado a los conceptos de identidad y de pertenencia. Más concretamente, con la idea de afiliación nacional o sentimiento nacionalista (Frevert, 2011); y que nos lleva en consecuencia a abandonar esa concepción fisiológica y reactiva y a encaminarnos hacia un entendimiento de los sentimientos políticos como resultado de un proceso de construcción político, social y cultural.

Bibliografía/s

  • AVERILL, J.R. (2008): «Together Again: Emotion and Intelligence Reconciled». En G. MATTHEWS, M. ZEIDNER y R.D. ROBERTS (Eds.): The Science of Emotional Intelligence: Knowns and Unknowns pp. 49-71. Oxford: Oxford University Press.
  • BRADER, T. (2006): Campaigning for Hearts and Minds: How Emotional Appeals in Political Ads Work. Chicago: University of Chicago Press.
  • CRESPO-MARTÍNEZ, I., GARRIDO-RUBIA, A. y ROJO-MARTÍNEZ, J. M. (2022): El uso de las emociones en la comunicación político-electoral. Revista Española de Ciencia Política, 58: 175-201.
  • DAMASIO, A. (1994): El error de Descartes. Barcelona: Editorial Crítica.
  • FREVERT, U. (2011): Emotions in History: Lost and Found. Budapest: Central European University Press.
  • GARRETT, A. (2003): Anthropology: the “original” of human nature. En A. BROADIE (Ed.): The Cambridge Companion to The Scottish Enlightenment, pp. 79-93. Cambridge: Cambridge University.
  • GIDRON, N., ADAM, J. y HORNE, W. (2020): American Affective Polarization in Comparative Perspective. Cambridge: Cambridge University Press.
  • GRECO, M. y STENNER, P. (2008): «Introduction: Emotion and Social Science». En M. GRECO y P. STENNER (Eds.): Emotions. A social science reader. pp. 1-22. Oxford y Nueva York: Routledge.
  • MÁIZ, R. (2011): A arte do imposible. Vigo: Editorial Galaxia.
  • TABER, C. y LODGE, M. (2006): Motivated Skepticism in the Evaluation of Political Beliefs. American Journal of Political Science, 50(3): 755-769.