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Respuestas emocionales

Las respuestas emocionales son el resultado de un proceso complejo del cerebro humano.  Una emoción se acciona ante un estímulo, externo o interno, lo cual constituye una respuesta inmediata e inconsciente de que «algo sucede». La respuesta emocional se activa  cuando se valora que una emoción puede afectar a la supervivencia o al estado del individuo.  

Componentes de la respuesta emocional

De acuerdo con Bisquerra Alzina (2009), en la respuesta emocional, se identifican los siguientes tres componentes:

  1. Componente neurofisiológico:  éste consiste en respuestas fisiológicas, como sudoración, cambios hormonales, palpitaciones, etc. 
  2. El componente comportamental: es el que evidencia la expresión emocional. La observación del comportamiento de un individuo permite inferir qué tipo de emociones está experimentando. El lenguaje no verbal, principalmente las expresiones del rostro y el tono de voz, aportan señales de bastante precisión.
  3. El componente cognitivo: se refiere a  la experiencia emocional subjetiva de lo que pasa. La emoción supone una interpretación subjetiva del entorno que permite tomar conciencia de lo que que se está experimentando, lo cual permite etiquetarla, en función del dominio del lenguaje.

Regulación de las respuestas emocionales

En el cerebro primitivo de nuestros antepasados emergieron centros emocionales (sistema límbico) que fueron de gran importancia para la supervivencia de la especie, porque se desarrollaron ciertos mecanismos de respuesta que fueron esenciales para rebasar con éxito las múltiples situaciones que dependían de la rapidez de la reacción, como lo refleja la famosa frase «huye o pelea», lo cual significa, que hay que actuar ante una amenaza. Desde entonces, el cerebro del homo sapiens fue evolucionando, conformándose el neocórtex y la amígdala cerebral, una estructura alojada en el sistema límbico encargada de regular las respuestas emocionales, y la comunicación entre los centros emocionales y el neocórtex. (López Mejía, Valdovinos de Yahya, Méndez-Díaz y Mendoza-Fernández, 2009). Éste último, el neocórtex, a veces denominado cerebro pensante, es el encargado de  sustentar  funciones cerebrales complejas, como lo son la racionalidad de las decisiones, la expresión e interpretación de las conductas sociales e incluso la generación de juicios morales, que se entienden como acciones mentales que afirman o niegan el valor moral de una actitud o conducta, así como regular las respuestas emocionales.

Sistema Límbico: Cómo Tu Cerebro Controla las Emociones y Reacciones @neuroconocetv

Créditos: Neuroconoce (YouTube).

A partir de los estudios sobre inteligencia emocional (Goleman,1996) la psicopedagogía ha desarrollado programas de educación de las respuestas emocionales con la finalidad de equilibrar, por una parte, la respuesta emocional, biológica y espontánea y, por la otra, la necesidad de respetar determinadas normas de convivencia.

Respuestas emocionales y contextos sociopolíticos

La perspectiva sociocultural enfatiza que los procesos de formación y regulación de las emociones ocurren en contextos de interacción social (Guedes-Gondim y Estramiana, 2010). Éstas no se consideran simples experiencias individuales, sino que se producen en interacciones sociales acentuadas por un contexto cultural. Cumplen, por tanto, una función psicosocial, al incluir a las personas en grupos sociales que comparten sentimientos comunes, valores y normas para la construcción social de su identidad. No se puede excluir en el  análisis de la construcción y manifestación de las respuestas emocionales, el contexto cultural en el que se desarrollan las maneras de percibir y procesar la información del entorno, así como las formas de expresar los estados emocionales.

La Teoría de la Inteligencia Afectiva (Marcus, 2000) enfatiza la importancia de las emociones en la política y en los procesos electorales. Según esta, congnición y emociones se procesan de manera conjunta y actúan mutuamente, «las emociones realzan la racionalidad del ciudadano porque le permiten ajustar sus juicios políticos a las circunstancias» (Fernández Poncela, 2021: 8). 

Artículo

Inteligencia afectiva y juicio político. Primera parte

George Marcus, Russell Neuman y Michael Mackuenn

Publicado en Sociológica (México), 22(63), pp. 253-266. (2007)

Artículo

Inteligencia afectiva y juicio político. Segunda parte

George Marcus, Russell Neuman y Michael Mackuenn

Publicado en Sociológica (México), 22(64), pp. 241-267. (2007)

Lo anterior se entiende debido a que las respuestas emocionales permiten procesar la información y promueven la acción, por lo tanto, quien esté más entusiasmado con la política, tendrá más participación en la misma y lo hará de forma más consciente. Por el contrario, bajo un estado de polarización política, la respuesta emocional puede llegar a ser violenta, sin un procesamiento reflexivo, debido a la conformación de grupos antagónicos que presentan una extrema identificación frente a otros que experimentan rechazo de las ideologías imperantes, o grupos que manifiestan simpatía frente a otros que sienten odio hacia los actores políticos. Todo ello dificulta la respuesta razonada, la adopción de acuerdos y la realización de compromisos.

Bibliografía/s

  • BISQUERRA ALZINA, R. (2009): Psicopedagogía de las emociones Síntesis: Madrid.
  • D’ADAMO, O., GARCÍA BEAUDOUX, V.I. y AGUSTÍN BRUNI, L. (2021): Las emociones en la comunicación política: breve recorrido teórico. Opera, 28: 195–215.
  • FERNÁNDEZ PONCELA, A.M. (2021): Acercamientos teóricos y prácticos a las emociones en las elecciones. Reflexión Política, 23(47): 7–26.
  • GOLEMAN, D. (1996): Inteligencia emocional. Kairós: Barcelona.
  • GUEDES-GONDIM, S. y ESTRAMIANA, J. L. (2010): Naturaleza y cultura en el estudio de las emociones.  Revista Española de Sociología, 13: 31-47.
  • MARCUS, G.E. (2000): Emotions in Politics. Annual Review of Political Science, 3(1): 221-250.
  • LÓPEZ MEJÍA, D. I., VALDOVINOS DE YAHYA, A., MÉNDEZ-DÍAZ, M. y MENDOZA-FERNÁNDEZ, V. (2009): El Sistema Límbico y las Emociones: Empatía en Humanos y Primates. Psicología Iberoamericana, 17(2): 60-69.