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Prejuicio

Se trata de un vocablo derivado del latín praejudicium cuyo significado es precedente, esto es, un juicio basado en decisiones y experiencias previas. Más adelante, según Allport (1977), el término sufre varias modificaciones en su significado. En primer lugar, adquiriendo del inglés la significación de un juicio formado antes del debido examen y consideración de los hechos, es decir, un juicio apresurado o prematuro. Y, en segundo lugar, adquiriendo un matiz más relacionado con las emociones, aludiendo al estado de ánimo favorable o no favorable que acompañaría ese juicio previo y sin fundamentos.

Allport (1977: 22) define el prejuicio como una «actitud hostil o prevenida hacia una persona que pertenece a un grupo […], suponiéndose por lo tanto que posee las cualidades objetables atribuidas al grupo», esto es, «una antipatía que se apoya en una generalización imperfecta e inflexible. Puede sentirse o expresarse. Puede estar dirigida a un grupo en general, o hacia un individuo por el hecho de ser miembro del grupo» (ibid., 1977: 24). Por su parte, para Brown (1998: 27), el prejuicio consiste en el «mantenimiento de posturas sociales despectivas o de creencias cognitivas, la expresión de sentimientos negativos o la exhibición de conducta hostil o discriminatoria hacia miembros de un grupo en tanto miembros de ese grupo». La Real Academia Española (RAE) también resalta el hecho negativo del prejuicio definiéndolo como «juicio previo o idea preconcebida, por lo general desfavorable». Si bien es cierto que la mayoría de la literatura se centra en su vertiente negativa, es preciso remarcar que los prejuicios pueden ser tanto positivos como negativos.

El prejuicio, según Allport (1977), tiene dos ingredientes estrechamente vinculados: una actitud favorable o desfavorable y una creencia excesivamente generalizada. El matiz existente entre ambas radica en que mientras la primera es muy difícil de alterar, la segunda sí puede ser modificada. Sin embargo, las creencias «tienen la propiedad de modificarse plásticamente para justificar la actitud más permanente. Es un proceso de racionalización, o sea de acomodación de las creencias a las actitudes» (Allport, 1977: 28).

Se trata pues de una evaluación o juicio preconcebidos (positivos o negativos) de un grupo social determinado hacia otro o hacia alguno de sus miembros, poniendo en marcha los estereotipos como mecanismos cognitivos de simplificación de la realidad. Constituye una actitud provocada por emociones y sentimientos que son a su vez generados por las creencias, sin necesidad de que intervenga ninguna experiencia real o directa con dicho grupo; en otras palabras, basada en información no comprobada, residual o generalizada. Además, a diferencia de una simple concepción errónea, un prejuicio «se resiste activamente a toda evidencia que pueda perturbarlo. Estamos propensos a reaccionar emocionalmente cuando se amenaza a un prejuicio con una contradicción» (Allport, 1977: 24).

El desafío de los Prejuicios. Programa completo. Con Wendy Ramos

Créditos: BBVA Aprendemos Juntos 2030 (YouTube).

Lógicas del prejuicio

Uno de los procesos para explicar el prejuicio es la categorización social. Se trata de un mecanismo o herramienta cognitiva que permite al ser humano clasificar, segmentar y ordenar su realidad ya que, de otra manera, sería incapaz de reaccionar de forma específica a cada uno de los estímulos que se le presentan a diario (Tajfel y Turner, 1986). Cuando se clasifica a las personas se está llevando a cabo una división de estas en términos de nosotros (endogrupo) y ellos (exogrupo) (Stangor, 2000).

Pascale (2010) enumera tres procesos cognitivos dentro de la clasificación social: el proceso de asimilación, referido al efecto de minimizar las diferencias del endogrupo; el proceso de diferenciación, que exagera las diferencias preexistentes con respecto al exogrupo; y el proceso de homogeneidad del grupo externo, por el cual las personas perciben a los miembros del grupo externo más similares entre ellos, mientras que efectivamente se aprecian las diferencias particulares de los miembros del propio grupo. Esto favorece el proceso denominado sesgo endogrupal, que consiste en la predilección hacia personas con las que se comparte una categoría social, aun cuando se trate de una categoría establecida bajo criterios aparentemente triviales (Tajfel, 1970).

Existen diversas situaciones que, según Pascale (2010), pueden potenciar el desarrollo del prejuicio:

  1. la ocupación cognitiva y emocional, en tanto las emociones intensas aumentan la probabilidad de establecer prejuicios;
  2. la competencia por los recursos;
  3. la amenaza de la identidad social que aumenta la distancia en lo que a diferencias intergrupales se refiere, intensificando la cohesión y la percepción positiva del endogrupo y negativa hacia el exogrupo; y, por último,
  4. la deprivación relativa, que se da cuando las personas perciben una discrepancia entre el estándar de vida que tienen y el que creen que deberían tener, es decir, cuando se da una brecha entre los logros actuales con respecto a las expectativas previas.

El prejuicio, según Mason (2018), constituye uno de los elementos definitorios de la polarización afectiva, en tanto que precisa de un prejuicio mutuo entre partidarios que deriva en grupos de competición debido al fuerte sentimiento de identificación social, entre otros. En esta operan procesos definitorios similares a los que se dan para definir el prejuicio, en tanto implica tener apego hacia el grupo propio y, a su vez, mostrar cierto desagrado hacia el resto de los grupos (Wagner, 2021) entre otros procesos de categorización social explicados en los párrafos anteriores.

Por último, según Ramírez y Rodríguez (2006), el prejuicio hacia el exogrupo no se relaciona tanto con mayor número de emociones negativas, sino con un menor número de emociones positivas. Además, el prejuicio no necesariamente tiene que traducirse en odio u hostilidad, pues pueden ser emociones relacionadas con la incomodidad, la inseguridad, el asco, e incluso, en miedo.

Bibliografía/s

  • ALLPORT, G.W. (1977): La naturaleza del prejuicio. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires.
  • BROWN, R. (1998): Prejuicio. Su psicología social. Madrid: Alianza.
  • MASON, L. (2018): Uncivil agreement: how politics become our identity. Chicago: University of Chicago Press.
  • PASCALE, P. (2010): Nuevas formas de racismo: estado de la cuestión en la Psicología Social del Prejuicio. Ciencias psicológicas, 4(1): 57-69.
  • RAMÍREZ, C. y RODRÍGUEZ, A. (2006): Variables predictoras de la actitud hacia los inmigrantes en la Región de Murcia (España). Anales de Psicología, 22: 76-80.
  • REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (2024): Prejuicio. Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española. DRAE 23.ª Edición, [versión 23.7 en línea]. Recuperado el 26 de febrero de 2024.
  • STANGOR, C. (2000): «Overview». En C. STANGOR (Ed.): Stereotypes and prejudice, pp. 1-16. Ann Arbor: Edwards Brothers.
  • TAJFEL, H. (1970): Experiments in intergroup discrimination. Scientific American, 23: 7-17.
  • TAJFEL, H. y TURNER, J.C. (1986): «The social identity theory of inter-group behavior». En S. WORCHEL y L.W. AUSTIN (Eds.): Psychology of intergroup relations, pp. 276-293. Chicago: Nelson-Hall.
  • WAGNER, M. (2021): Affective polarization in multiparty systems. Electoral Studies, 69: 1-13.