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Posverdad

De un lado, expresa la presunción de que, tanto o más que por la verdad objetiva y los argumentos racionales, el comportamiento de las personas se orienta por las emociones, las creencias y las circunstancias personales, es decir, por la subjetividad individual. De otro lado, consiste en una distorsión intencionada de la realidad, suscitada por las estrategias de desinformación que despliegan algunos agentes sociales (individuales o colectivos) con el propósito de influir en un determinado sentido dentro de la lucha que mantienen por el control de las definiciones sociales de la realidad (Gil Calvo, 2018). Habitualmente se aplica al campo político, pero no se agota en este, sino que puede extenderse a cualquier otro campo de la vida social, incluyendo el económico. Como práctica de desinformación, puede ser interpretada a modo de una peculiar versión maquiavélica del consecuencialismo (la del egoísmo moral) aplicada a la configuración del sentido. En efecto, la posverdad considera que el reconocimiento de los hechos objetivos es insignificante y lo que realmente importa al agente es la consecución del efecto que quiere causar (imponer una determinada definición de la realidad para favorecer su propio interés, sea este coincidente o no con el interés común).

Orígenes y evolución del término

El término posverdad comenzó a difundirse en el ámbito periodístico a comienzos de los años 90 y fue cobrando fuerza una década después para describir la intensificación de ciertas prácticas de comunicación política y electoral promovidas por los spin-doctor (Guadian Orta, 2023; Keyes, 2004). En 2016 se popularizó su uso (también en el ámbito académico) para denotar la generalización de estas prácticas desinformadoras (y de las presunciones subjetivistas en las que se basan) durante la campaña de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, así como durante la campaña promovida por los defensores de la salida del Reino Unido de la Unión Europea en el referéndum sobre su permanencia. El término adquirió entonces tal notoriedad que el diccionario Oxford la eligió palabra del año.       

McIntyre (2018) relaciona la posverdad con el negacionismo, así como con la producción y divulgación de noticias falsas o de inexactitudes intencionadas, y sostiene que la posverdad es un instrumento de afirmación de supremacía ideológica mediante el cual sus practicantes intentan obligar a alguien a creer algo con independencia de las pruebas, pero utilizando razonamientos sesgados por su propio interés supremacista y circunstancias personales. El mismo autor sugiere que la posverdad ha sido estimulada por el subjetivismo posmodernista, pues este niega, en sus versiones extremas, la existencia de la verdad objetiva y cuestiona asimismo la ciencia positiva falsacionista. El sorprendente corolario de este subjetivismo posmoderno (originado en la nueva izquierda académica) habría sido su apropiación por la nueva derecha radical.      

Documental ‘Posverdad’ I El Salto TV

Créditos: El Salto TV (YouTube).

Posverdad y democracia

Ya sea como presunción sobre el comportamiento humano o como una práctica política de desinformación, la posverdad puede ser considerada una manifestación de lo que Gil Calvo (2018) denomina crisis de la democracia de mercado (o democracia de audiencias). Esta clase de democracia se habría erigido auspiciada por el neoliberalismo y se habría exteriorizado a través de la preeminencia de los partidos atrapa-todo, que emplean un agresivo marketing electoral empleando recursos tales como el espectáculo político, el infoentretenimiento (infotainment) y la construcción del relato político (storytelling). Según Mair (2013), el empleo abusivo de estas estrategias, unido a la crisis de la globalización neoliberal, habrían tenido como indeseado resultado la proliferación de la posverdad, las noticias falsas, el negacionismo y la polarización como recursos postreros para la movilización política y electoral al alcance de unos partidos deslegitimados y vaciados hasta el punto de no ser más que máquinas electorales al servicio del líder de turno y su séquito. En consonancia con esta argumentación, y de manera semejante a como ya había prevenido Salmon (2011), la emergencia de la posverdad es sintomática de un mundo en el que la falta de confianza no solo se proyecta sobre las instituciones y los conciudadanos, sino también sobre la propia realidad. Como corolario, emerge un descreimiento general que incluye asimismo al Relato como recurso de fabricación de consensos o disensos. Este descreimiento acaba siendo contrarrestado mediante una perversa y peligrosa estrategia de movilización sociopolítica: la de suscitar el enfrentamiento generalizado, favorecido mediante la gestión de los algoritmos que permiten la interacción social y que contribuyen decisivamente a definir la realidad en la actual sociedad digitalizada (Salmon, 2019). Si no se le pone freno a través de medidas eficaces y legítimas, los efectos erosivos de estas dinámicas sobre el futuro de la democracia pueden ser catastróficos. Al menos si se manejan los conocidos criterios propuestos por Dahl (1989) para determinar el carácter democrático de un régimen, puesto que la posverdad, como instrumento y producto de la desinformación, impide alcanzar uno de ellos: la toma de decisiones basadas en conocimiento esclarecido sobre los intereses propios, sobre las alternativas realmente existentes y sobre las previsibles consecuencias de cada una.

Bibliografía/s

  • DAHL, R. (1989): Democracy and Its Critics. New Haven: Yale University Press.
  • GIL CALVO, E. (2018): Comunicación política: caja de herramientas. Madrid: Los Libros de la Catarata.
  • Guadián Orta, C.  (2023): Del spin doctor al spin prompter. A fondo. Revista de la Asociación de Comunicación Política, 25 de abril de 2023.
  • KEYES, R. (2004): The Post-Truth Era: Dishonesty and Decepcion in Contemporary Life. Nueva York: St. Martin’s PG.
  • MAIR, P. (2013): Ruling the void: The hollowing of Western democracy. Londres: Verso.
  • MCINTYRE, L. (2018): Post-Truht. Cambridge: MIT Press.
  • SALMON, C. (2011): La estrategia de Sherezade: Apostillas a Storytelling. Barcelona: Península.
  • SALMON, C. (2019): La era del enfrentamiento. Barcelona: Península.