Los estudios de polarización política se han ocupado tradicionalmente de la distribución espacial de las preferencias ideológicas, es decir, de las distintas posiciones de los electores o de los partidos sobre los asuntos de la agenda política (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012). Sin embargo, en la última década, se viene constatando una creciente hostilidad y animadversión intergrupal de base afectiva e identitaria que se sitúa al margen de toda consideración racional sobre las políticas públicas (Iyengar, Lelkes, Levendusky, Malhotra y Westwood, 2019). Con independencia del nivel de desacuerdo que tengan los ciudadanos en los asuntos que centran el debate público (la presencia de este desacuerdo no es condición necesaria), diversos estudios comienzan a observar, a través de Termómetros de sentimientos, cómo crecía el rechazo a los oponentes y, con ello, se producía una expresión de afectos cada vez más diferencial entre el Endogrupo y el Exogrupo. La polarización afectiva sería, por tanto, una forma singular de polarización política basada en diferencias sentimentales más que en distribuciones espaciales de carácter ideológico.
Affective polarisation: assesing the state of the field | Keynote speech by Shanto Iyengar
Afective polarization: Understanding Division in American Politics
Como señalan Iyengar et al. (2019), el desencuentro afectivo o la brecha generada entre los simpatizantes de los principales partidos es cada vez mayor en los Estados Unidos. Desde 1990, los sentimientos hacia el partido rival se han vuelto progresivamente más desfavorables, mientras que se han mantenido relativamente estables los sentimientos positivos hacia el endogrupo.
Ismael Crespo. Lo político como algo personal. La polarización afectiva.
La presencia de estas tendencias se ha ido constatando también en las democracias europeas, a pesar de que en los sistemas multipartidistas siempre se ha tendido a rebajar la fortaleza de los vínculos de identificación con los partidos y, por tanto, sería inicialmente previsible que el comportamiento inspirado por el sentimiento de grupo fuera menos prevalente (Wagner, 2021).
La polarización afectiva describe un conflicto socioemocional de naturaleza intergrupal. Como todo proceso basado en las relaciones entre grupos sociales, el rechazo hacia nuestros oponentes puede derivarse de una sobrestimación de los niveles reales de desacuerdo, incluso puede producirse sin que exista un desacuerdo explícito (Mason, 2015). Son dinámicas de tribalismo (Torcal, 2023) que nos hacen alejarnos de los demás simplemente porque los percibimos como ajenos.
El componente irracional-afectivo de este tipo de polarización política se evidencia en la creación de sesgos cognitivos que nos llevan a valorar en términos morales a nuestros rivales como peores personas (Iyengar y Westwood, 2015). La expansión de los prejuicios profundiza todavía más la sensación de distanciamiento, creando una imagen detestable del exogrupo en nuestra mente y la identidad política termina por afectar a ámbitos no políticos. Conforme crece la hostilidad entre los grupos partidistas, la competición política se vuelve una cuestión más personal y los miembros de cada grupo lo asumen como tal. La amenaza a la posición del endogrupo se convierte en una amenaza al propio individuo y, frente a ella, se desatan todo tipo de reacciones emocionales.
Artículo
«Por qué debe importarnos la polarización afectiva»
TheConversation.com
Causas: ¿Identidad o ideología-temas?
A la hora de determinar las causas explicativas de la polarización afectiva, es posible identificar dos corrientes: la que basa su enfoque en la Teoría de la Identidad Social, asumiendo los postulados de psicólogos sociales como Tajfel y Turner y la que adopta explicaciones de base ideológica, bien a nivel de élites o de las preferencias de los electores. La segunda parece inicialmente contradictoria con la definición del fenómeno. Recordemos que en su artículo seminal, Iyengar et al. (2012) se distanciaban de los estudios de polarización clásicos centrados en las preferencias sobre políticas públicas o en la distribución de los valores o cosmovisiones, haciendo notar la paradoja de la hostilidad afectiva sin discrepancias temáticas. Sin embargo, años más tarde, autores como Rogowski y Sutherland (2016) dejaron ver que, aunque el fenómeno estudiado tenía un componente emocional, la verdadera razón que se situaba tras el distanciamiento afectivo era la acentuada división en los posicionamientos ideológicos de las élites. La expresión emocional traería cuenta, pues, de la constatación de que el exogrupo sostiene ideas cada vez menos compatibles con las propias. Esta incompatibilidad se vuelve especialmente amenazante cuando se refiere a cuestiones vinculadas a la batalla cultural, que suelen referirse a elementos sensibles en la configuración de la identidad personal, la moral o los estilos de vida. Por eso los temas culturales tienen una mayor capacidad de generar desencuentros afectivos. Para el enfoque que prima lo ideológico sobre lo identitario, es posible afirmar que, aunque la polarización afectiva es conceptualmente distinta a la polarización ideológica, la segunda puede explicar la primera.
Artículo
Ideological identity, issue-based ideology and bipolar affective polarization in multiparty systems: The cases of Argentina, Chile, Italy, Portugal and Spain
Josep M. Comellas y Mariano Torcal
Publicado en Electoral Studies, 83, 102615. (2023)
Con independencia de lo anterior, la línea de trabajo más recurrente en este campo de estudio se aleja de explicaciones ideológicas y centra toda su atención en el enfoque psicológico-social. En los últimos años, la identidad partidista se ha constituido como una forma más de identidad social al aglutinar en su interior otra serie de identidades que generan un proceso de clasificación y reducen la transversalidad sociodemográfica que describe el perfil del votante medio de cada partido (Mason, 2018). ¿Cómo pasaron los partidos a convertirse en tribus? La respuesta la podemos encontrar en el concepto de «megaidentidad» (Torcal, 2023). La alineación entre grupos sociales y grupos políticos hace que toda la sociedad pueda dividirse atendiendo a los marcadores de pertenencia partidista y que los miembros de los diferentes grupos tengan cada vez menos cosas en común, incrementando la dinámica de conflicto y distanciamiento. Esto, a su vez, provoca que los conflictos sociales tengan un impacto directo en la arena política y viceversa, que la competición política se convierta en una disputa entre sensibilidades prepolíticas de muy diverso orden.
Artículo
Trends in Political Science Research: Affective Polarization
Tamanna M. Shah
Publicado en International Political Science Abstracts, 75(1), pp. 1-14. (2025)
Si nuestros sentimientos religiosos, territoriales y hasta nuestras aficiones pueden clasificarse fácilmente en términos partidistas, todo referente de pertenencia no político aparece ahora resignificado como un marcador de la «megaidentidad» partidista. Los partidarios de unos y otros son, en definitiva, personas que comparten menos cosas al margen de la política, lo que podría atemperar sus reacciones identitarias de base partidista. Por tanto, si el partidismo funciona como una identidad social más, de ello cabe esperar el efecto que la teoría de la identidad social ha otorgado a estos sentimientos de pertenencia: favoritismo endogrupal, discriminación exogrupal, tendencia a la protección del endogrupo para satisfacer las necesidades de autoestima y sesgos perceptivos que justifican la imagen estereotípica del exogrupo, entre otros.
Los factores amplificadores
Al margen de sus orígenes fundamentales, existe una inquietud desde los primeros trabajos sobre polarización afectiva: cómo afectan las estrategias de comunicación política de las élites, en especial la comunicación política negativa, a la creación de sentimientos de animadversión (Iyengar et al., 2012). Junto al impacto de las estrategias de comunicación negativa, que suelen demonizar al oponente para –precisamente– crear sensaciones de rechazo en el elector, cabría cuestionarse también por el efecto que la retórica populista. La simplificación de la realidad mediante estos ejercicios discursivos dicotómicos busca, en última instancia, levantar un muro que fidelice a los votantes, aun a costa de convertir al adversario en un sujeto ilegítimo y detestable. De igual forma, no son pocos los trabajos que exploran el papel de las redes sociales o de la exposición a medios de corte militante. Todos estos factores actuarían como elementos de amplificación o exacerbación de los mecanismos psicológico-cognitivos de la identidad social.
Conferencia de Mariano Torcal: «Nosotros frente a ellos», polarización política en las democracias actuales
Mediterránea Podcast: Política, uso de medios y polarización afectiva en España
Consecuencias sociales e institucionales
Si la polarización afectiva preocupa tanto a los académicos es porque tiene consecuencias reales sobre la vida de las personas. Esto se vio en Estados Unidos con el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 o en Brasil, con los disturbios del 8 de enero de 2023. Al final del camino del distanciamiento afectivo aparece la violencia política y la deslegitimación–deshumanización del rival. Existe, por tanto, una preocupación notable sobre el efecto que ejerce la polarización afectiva en los valores democráticos de los individuos y en su compromiso a aceptar las normas del juego incluso si no benefician a su endogrupo. También se ha reflexionado sobre el efecto de la polarización afectiva en términos de cooperación, rendimiento institucional y crisis de confianza (Hetherington y Rudolph, 2015). Finalmente, en el campo de las relaciones intersubjetivas, se ha demostrado cómo influyen las identidades partidistas en situaciones no políticas, promoviendo el distanciamiento respecto al exogrupo en relaciones de amistad o pareja.
Artículo
Polarización afectiva, partidismo negativo y brecha perceptiva. Una aproximación teórica
I. Crespo Martínez, A. Garrido Rubia, M. A. Martínez Rodríguez y A. Mora Rodríguez
Publicado en Revista Más Poder Local, 45, pp. 7-20 (2021).
Handbook
Handbook of Affective Polarization
M. Torcal y E. Harteveld