Sentimiento de identificación, vinculación y reconocimiento que tienen los individuos o los grupos con una comunidad, una cultura, una nación o una ideología. La ciencia política ha estudiado este fenómeno desde diferentes perspectivas, como la Teoría de la Identidad Social, el nacionalismo, el multiculturalismo, el cosmopolitismo y el populismo.
Identidad, valores y proyectos
Benedict Anderson (1983) propone el concepto de «pertenencia a comunidades imaginadas» para explicar cómo se forman las identidades nacionales. Según el autor, las naciones son construcciones sociales basadas en la imaginación de una comunidad compartida que se expresa a través de símbolos, rituales, lenguas y medios de comunicación.
¿Qué son las comunidades imaginadas para Anderson? Theory and Philosophy. Podcast de David Guignion
A esta noción de pertenencia, Michael Walzer (2010) le suma una dimensión moral cuando afirma que la pertenencia a una comunidad histórica implica la adhesión a valores, tradiciones y prácticas que le son propios y generan cohesión grupal.
Según Will Kymlicka (2001), la pertenencia a una cultura supone mucho más que un lugar de vinculación social: es también una condición necesaria para el ejercicio de la libertad individual, por lo cual el Estado debe proteger y promocionar la diversidad cultural, reconociendo los derechos de las minorías culturales y nacionales en las democracias liberales.
El impulso moral del multiculturalismo según Kymlicka
Seyla Benhabib (2002) postula una noción de pertenencia que abre una puerta al diálogo frente a los nacionalismos. En una «democracia cosmopolita», sostiene la autora, la pertenencia no se basa en la adhesión a una identidad fija, sino en la participación en una esfera pública transnacional, donde se respetan los derechos humanos, se promueve el diálogo intercultural y se reconoce la pluralidad de las identidades.
Trayectoria y pensamiento de Seyla Benhabib. Árbol de la Democracia 70
Ninguna de esas categorías es estática e inamovible. Por el contrario, la pertenencia es una dimensión dinámica e implica una construcción social y política. Por su parte, Nira Yval-Davis (2011) desarrolla el término «políticas de pertenencia» y explica que las identidades y las relaciones de pertenencia se construyen y se negocian siempre dentro de un contexto político y social.
Who Belongs? Politics of Identity, Inclusion, and Belonging
Es por esta razón que Nancy Fraser (2009) considera, además, una perspectiva económica y social de la pertenencia. En efecto, Fraser afirma que la pertenencia no se basa solo en la afirmación de la diferencia cultural, sino también en la lucha contra la desigualdad económica y la exclusión social.
No lejos de este planteamiento, la teoría sobre el populismo de Ernesto Laclau (2005) analiza cómo se construyen las identidades partidistas y políticas a partir de la articulación de demandas sociales insatisfechas. Según Laclau, la pertenencia se basa en la creación de una idea de «pueblo» que se opone a un enemigo específico (la oligarquía, los poderosos u otras alternativas según el caso) y que se identifica con un líder carismático.
Manuel Castells (1996 y 2012) propone una última percepción de la pertenencia cuando estudia el impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la sociedad y en la política. En este contexto, Castells afirma que la pertenencia se da al compartir «identidades proyecto» expresadas a través de redes sociales, movimientos sociales y medios alternativos.
La construcción de una identidad europea. Dr. Manuel Castells
Pertenencia y polarización
Siguiendo la línea argumental de estos autores, se deduce que parte de la identidad de los individuos está signada por su pertenencia a una comunidad que ellos validan.
Según Leary y Baumeister (1995), los seres humanos tienen una necesidad innata de pertenecer a grupos sociales y de establecer conexiones con otros individuos. Más aún, la pertenencia social brinda múltiples beneficios a las personas, entre ellos seguridad, autoestima, apoyo emocional y un sentido de identidad.
La pertenencia es, por lo tanto, identitaria, forja una sólida cohesión social y cualquier ataque al grupo de referencia, a sus intereses o a sus proyectos podría ser percibido como un ataque moral a la propia identidad personal. Una situación de esa naturaleza da lugar a una dinámica grupal de «nosotros» contra «ellos».
Toda ofensa o agresión a una persona, valor o interés de un grupo de pertenencia específico es vivido como una batalla cultural, como un intento de anulación de ese grupo. Sin una profunda y arraigada tradición y vivencia de valores democráticos, esa comunidad podría generar crispación, reacciones desproporcionadas o incluso derivar en clivajes y polarización.