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Partidismo negativo

Es la repulsión psicológica estable de los votantes hacia uno o más partidos, incluso a pesar de no presentar identidades o lealtades relevantes hacia otras fuerzas políticas. Por tanto, el comportamiento político de los electores se encuentra más motivado por su aversión hacia un partido o grupo ideológico que por su identificación con cualquier formación política (Meléndez y Rovira Kaltwasser 2021).

Una antipatía que puede estar causada por razonamientos basados en cuestiones políticas y consideraciones ideológicas o por asociaciones estructurales o afectivas vinculadas a diversos grupos políticos (Meléndez y Rovira Kaltwasser, 2021). De manera que el partidismo negativo informa, exclusivamente, de la existencia de partidos que experimentan un fuerte rechazo entre los electores, con independencia de que estos electores manifiesten simultáneamente identidades positivas hacia otros partidos políticos (Crespo, Garrido, Martínez y Mora, 2021: 13).

La investigación sobre el partidismo negativo

El partidismo es una de las actitudes políticas más estudiadas, pero mayoritariamente se ha centrado en el partidismo positivo. Aunque el partidismo negativo haya sido menos analizado, hace tiempo que se acepta que las evaluaciones y sentimientos negativos del electorado son importantes. De hecho, esto ha quedado patente desde el mismo momento en el que se desarrolló, por primera vez, el concepto de partidismo.

No obstante, el estudio del partidismo negativo, propiamente dicho, surge en Estados Unidos, donde está noción es una consecuencia particularmente directa del enfrentamiento bipartidista hiperpolarizado (Abramowitz y Webster, 2016; Bankert, 2021).

Uno de los acontecimientos más importantes en la política estadounidense de los últimos 40 años ha sido el aumento del partidismo negativo, el fenómeno por el cual los estadounidenses se alinean en gran medida contra un partido en lugar de afiliarse al otro.

En Europa Occidental, el debate sobre el partidismo negativo está dando sus primeros pasos. Sin embargo, cada vez son más los investigadores que analizan la relevancia y las características empíricas del partidismo negativo en las democracias multipartidistas europeas como consecuencia del clima de negatividad que se percibe, actualmente, en la política cotidiana tanto a nivel de élites (Fridkin y Kenney, 2004; Geer, 2006) como a nivel de masas (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012; Hobolt, Leeper y Tilley, 2020).

Pese a ello, todavía existe un gran desconocimiento sobre cuestiones claves como son, por ejemplo, la evolución del partidismo negativo a lo largo del tiempo y en función de las condiciones del contexto (ej. crisis de la democracia, populismo) (Meléndez y Rovira Kaltwasser, 2021), o la profundidad de la naturaleza del mismo, su influencia en los resultados electorales, y su papel en el fomento de los niveles crecientes de hostilidad entre los adversarios políticos.

El partidismo negativo incrementa la polarización y erosiona la democracia.

Las dimensiones de medición del partidismo negativo

La primera dimensión es la sensación de antipatía hacia partidos concretos, que es medida a través de valoraciones termométricas en todo el espectro electoral. La preocupación teórica sobre esta dimensión es que las valoraciones negativas del termómetro pueden no estar, exclusivamente, en los partidos de los que uno se identifica como partidario negativo (Magyar, 2021: 22).

El segundo enfoque para medir el partidismo negativo es el uso de la intención del comportamiento que capta la certeza absoluta de no plantearse nunca votar a un partido determinado (Meléndez y Rovira Kaltwasser, 2021). Este hecho guarda relación con el efecto de las identidades partidistas negativas sobre el comportamiento negativo. El problema teórico es que se confunde un comportamiento (voto negativo) con una actitud (partidismo negativo) y, además, es posible que esta medida conductual asuma una visión más instrumental de lo que los investigadores intentan medir. 

La tercera dimensión consiste en combinar las dimensiones afectiva y conductual. En primer lugar, el partidismo negativo va más allá de las razones estratégicas para el comportamiento político (intencionado) sin ninguna connotación afectiva subyacente necesaria (Magyar, 2021: 24). En segundo lugar, el partidismo negativo difiere de la mera antipatía por un partido, un sentimiento que puede estar vinculado al partido preferido de una persona, o incluso a todos los partidos (Magyar, 2021: 24). El inconveniente es que esta operacionalización se encuentra limitada por la disponibilidad de los datos de ambas dimensiones simultáneamente, sobre todo si se trata de estudios longitudinales entre países.

Bibliografía/s

  • ABRAMOWITZ, A.I. y WEBSTER, S. (2016): The rise of negative partisanship and the nationalization of U.S. elections in the 21st century. Electoral Studies, 41: 12-22.
  • BANKERT, A. (2021): Negative and Positive Partisanship in the 2016 U.S. Presidential Elections. Political Behavior, 43(4): 1467-1485.
  • CRESPO, I., GARRIDO, A., MARTÍNEZ, M.A. y MORA, A. (2021): Polarización afectiva, partidismo negativo y brecha perceptiva. Una aproximación teórica. Revista Más Poder Local, 45: 7-20.
  • FRIDKIN, K.L. y KENNEY, P.J. (2004): Do negative messages work? The impact of negativity on citizens’ evaluations of candidates. American Politics Research, 32(5): 570-605.
  • GEER, J.G. (2006): In defense of negativity. Attack ads in presidential campaigns. Chicago: University of Chicago Press.
  • HOBOLT, S., LEEPER, T. y TILLEY, J. (2020): Divided by the Vote: Affective Polarization in the Wake of the Brexit Referendum. British Journal of Political Science, 51(4): 1-18.
  • IYENGAR, S., SOOD, G. y LELKES, Y. (2012): Afect, not ideology a social identity perspective on polarization. Public Opinion Quarterly, 76(3): 405-431.
  • MAGYAR, A. (2021): Negative partisanship in changing political contexts in Western Europe. Colchester: University of Essex.
  • MELÉNDEZ, C. y ROVIRA KALTWASSER, C. (2021): Negative partisanship towards the populist radical right and democratic resilience in Western Europe. Democratization, 28(5): 949-969.