Consiste en la negación contumaz del consenso científico respecto a algunas evidencias firmemente contrastadas por la comunidad científica o, más en general, respecto a la solvencia del quehacer científico y de los conocimientos que este genera. Habitualmente no se manifiesta de manera extrema, sino como actitudes de sospecha, suspicacia o descreimiento hacia la ciencia, los científicos o sus acuerdos mayoritarios.
En el siglo XX el negacionismo se ostentó especialmente respecto a ciertos acontecimientos históricos (en especial, la existencia del Holocausto judío), ciertas teorías científicas consideradas contrarias a los relatos bíblicos (en particular, el evolucionismo, negado por los creacionistas, defensores, en cambio, del diseño inteligente), o ciertos acontecimientos mediáticos de carácter universal que son cuestionados por una suerte de Teorías de la conspiración (así la llegada del ser humano a la Luna). Actualmente las actitudes negacionistas se han ampliado a una creciente variedad de asuntos sobre los que la ciencia ha establecido un amplio consenso, entre los que descuellan el cambio climático (primero) y el cambio climático antropogénico (después), la eficacia y seguridad de las vacunas, la existencia del sida, la COVID-19 o, nuevamente, la esfericidad de la tierra, cuya negación recibe el nombre de terraplanismo.
Aunque la prevalencia del negacionismo depende sensiblemente del asunto sobre el que se proyecte, algunos estudios (Catalán y Cabrera, 2023; CIS, 2021; Eurobarómetro, 2021, 2023). sugieren que su versión extrema es irrelevante desde un punto de vista estadístico, pues alcanzaba a 3 de cada 100 españoles y europeos a comienzos de la tercera década de este siglo. Sin embargo, posiciones más moderadas son reconocidas por 1 de cada 10 españoles, cifra que se dispara a 1 de cada 4 cuando el objeto de discusión es la esfericidad de la tierra (Catalán y Cabrera, 2023). En suma, mientras que el negacionismo extremo constituye una porción estadísticamente irrelevante, el negacionismo moderado (o negacionismo de la sospecha) es una actitud minoritaria, pero no irrelevante, desde un punto de vista asimismo estadístico.

Informe Fecyt.es
Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología en España 2022
Estrechamente vinculado a otros procesos, como la posverdad y la desinformación (McIntyre, 2020), en años recientes el negacionismo está siendo objeto de creciente atención académica, según se desprende de las búsquedas en portales académicos, así como en catálogos y repositorios institucionales. Sin embargo, es un fenómeno apenas examinado empíricamente de manera amplia y sistemática.
La evidencia disponible sugiere que, más que irracionalidad, el negacionismo (sobre todo el moderado) expresa visiones argumentadas, pero incompletas, confusas o sesgadas acerca de la ciencia. Dependiendo del asunto sobre el que se proyecte, los estudios de opinión pública han observado que se asocia (con desigual fuerza y no siempre en el mismo sentido) a circunstancias demográficas (lugar de residencia, sexo, edad), económicas (nivel de renta, ocupación), como culturales y políticas (nivel de estudios, confesión, posicionamiento ideológico, voto) (CIS, 2021; Eurobarómetro, 2021, 2023; Timoner y Quiroga, 2023).
Aparte de estas consideraciones y variables, puede conjeturarse que el negacionismo extremo involucra una estructura de personalidad religiosa o, al menos, proclive a la superstición y al conocimiento revelado tanto o más que al hecho de profesar una determinada confesión. Así entendido, el negacionismo (al menos su versión extrema) sería una expresión del pensamiento mágico. Esto explicaría asimismo su actual expansión, pues, paradójicamente, y de acuerdo con la advertencia de Sagan (1995), el pensamiento mágico (y por tanto el negacionismo) prosperaría enormemente si la sofisticación tecnológica avanza sin que mejore en paralelo la formación científica de la población. De suceder esto, concluía Sagan, la democracia y el bienestar social se encontrarán con un formidable peligro, capaz de erosionarlos en extremo. Algunos ejemplos notorios sugieren que semejante pensamiento mágico (canalizado a través del negacionismo) puede ser suscitado incluso por científicos o profesionales disidentes del consenso, sobre todo cuando se sienten despechados.
Carl Sagan – Una forma de pensar I Inspiration Journey
Fuentes de negacionismo
A partir de los estudios de opinión pública citados, así como de trabajos previos sobre la crisis democrática y la irrupción de nuevos partidos populistas (Barbeito, 2020; Barbeito e Iglesias, 2021), el negacionismo moderado cabe interpretarlo, sin embargo, como resultado de diversos factores estructurales y coyunturales que confluyen y se refuerzan. A los efectos de orientar futuras investigaciones, se proponen los siguientes:
- La visibilidad mediática de algunos escándalos que revelan ante la opinión pública prácticas deshonestas por parte de científicos, instituciones científicas o empresas.
- El descrédito general que sufren las instituciones, no solo las políticas.
- La acción organizada de grupos de negacionistas extremos (muchos de los cuales parecen vinculados a la nueva derecha radical), que denuncian supuestas debilidades del consenso científico y proponen argumentos alternativos.
- La facilidad de divulgación no contrastada que ofrecen las redes digitales, así como el uso organizado e intensivo que los grupos de negacionistas extremos hacen de ellas.
- La aparente contradicción que algunas personas observan entre lo que experimentan en sus vidas personales y lo que afirman las generalizaciones empíricas.
- La escasa competencia científica de la población (atribuible tanto al sistema educativo como a una deficiente divulgación científica), que le impide disponer de criterios solventes con los que juzgar adecuadamente la validez y fiabilidad de los conocimientos científicos.
Los factores señalados pueden llevar a un sector de la población, especialmente proclive, a sospechar de la ciencia o, más bien, del quehacer científico, llegando a concluir que los científicos pretenden imponerles falsas verdades, pues las generalizaciones empíricas que divulgan los medios se les antojan incongruente con sus experiencias personales y con las informaciones que reciben a través de otros medios alternativos. Como corolario, estas personas pueden concluir que las motivaciones de los científicos son espurias y que los conocimientos que estos producen no son más que falsedades malintencionadas, esto es, piezas de un gran mecanismo de construcción y difusión de falsas verdades al servicio de los poderes establecidos (políticos, económicos, mediáticos). En otras palabras, suponen que están al servicio del status quo y, por tanto, son contrarios a los intereses reales de los ciudadanos. Se da así una notable paradoja, originada en la carencia de una genuina actitud científica: queriendo huir de la supuesta falsedad de la maquinaria científico-tecnológica los negacionistas acaban atrapados en las objetivables redes de la falsificación de noticias, la desinformación y la posverdad (McIntyre, 2020).
¿Quieres saber más sobre el negacionismo climático?
La Revista Ambienta, en su número 138 (febrero de 2024), dedica un monográfico al Negacionismo: estrategias y mentiras para retardar la acción climática.
La marginalidad estadística del negacionismo extremo, o la minoritaria del negacionismo de la sospecha, no debiera llevar a concluir que se trata de fenómenos socialmente irrelevantes. Antes bien, las dos versiones del negacionismo tienen gran visibilidad mediática y, por tanto, gran importancia política. En primer lugar, porque alberga una capacidad erosiva sobre la legitimidad y la confianza en las instituciones. En segundo lugar, porque, aunque minoritario estadísticamente, el negacionismo moderado es muy relevante en términos absolutos si se moviliza y agrega con intencionalidad política. De hecho, está siendo ya objeto de movilización como parte de las estrategias de división, antagonismo y polarización política desplegadas por numerosos partidos populistas de la nueva derecha radical, que aprecian en él un elemento más de desestabilización para romper las mayorías electorales establecidas y acceder al gobierno.
Negacionismo vs. Realismo Climático