El concepto de identidad partidista deriva de la Teoría de la Identidad Social de Tajfel (1970), entendida esta como el conocimiento que posee un individuo de que pertenece a determinados grupos sociales junto a la significación emocional y de valor que tiene para él/ella dicha pertenencia (Tajfel, 1981: 255).
Artículo
From Social to Political Identity: A Critical Examination of Social Identity Theory
Leonie Huddy
Publicado en Political Psychology, 22, pp. 127-156. (2001)
Desde la perspectiva de la psicología social, la construcción de las identidades sociales se produce de manera cognitiva sobre la categorización social que diferencia al «nosotros» del «ellos». Los individuos representarían a los grupos como prototipos y, en base a su comparación, maximizarían las diferencias existentes entre las categorías configuradoras de los prototipos y minimizarían las diferencias dentro de las categorías. Dicho de otro modo, el sistema cognitivo-perceptivo forma y selecciona prototipos sobre la base de los atributos que identifican similitudes entre los individuos del mismo grupo y diferencias entre los individuos de diferentes grupos (Hoggs y Abrams, 2007). Así, siguiendo la Teoría de la Identidad Social, los miembros del endogrupo tienden a desarrollar sentimientos positivos hacia su grupo de pertenencia y sentimientos negativos hacia el exogrupo (Tajfel, 1970).
En cuanto a la relación entre la identidad y el comportamiento, Tajfel (1974) establece que el comportamiento social de un individuo varía a lo largo de un continuo unidimensional demarcado por dos extremos: el intergrupal, en el que la conducta estaría determinada por la pertenencia a diferentes grupos o categorías sociales; y el interpersonal, en el que la conducta estaría determinada por las relaciones personales con otros individuos y por las características personales idiosincráticas. Mientras que para Hoggs y Abrams (2007), la identidad y el comportamiento del grupo son indivisibles y la influencia entre ambos aspectos es recíproca, el proceso de identidad social genera la conducta intergrupal. Este comportamiento influye en la naturaleza de las relaciones entre grupos y, en consecuencia, configura el contenido de la identidad social.
The garden view with Michael Hogg: Uncertainty-Identity Theory and Extremism
La incorporación de la identidad al estudio de la política ha venido de la mano de la sociología, la ciencia política y, muy especialmente, de la psicología política. Dentro de esta última área, se pueden diferenciar varias ramas de estudio. Un primer grupo de investigaciones ha abordado el tema de la identidad nacional, el patriotismo y el multiculturalismo (Citrin, Reingold y Green, 1990).
Junto con este primer grupo, en segundo lugar, las investigaciones sobre identidades raciales y étnicas señalan que las identidades fuertes infravaloran la unidad nacional y promueven la intolerancia y la antipatía intergrupal (Sidanius, Feshbach, Levin y Pratto, 1997).
Una tercera rama se ha centrado en la naturaleza de las identidades políticas, incluyendo la identificación con las facciones mayoritarias y minoritarias de los partidos políticos o la identidad de aquellos que se autodenominan como independientes (Green, Palmquist y Schickler, 2002; Greene, 1999). Investigaciones a las que hay que sumar los trabajos sobre la identidad feminista.
Artículo
Motivated Independence? Implicit Party Identity Predicts Political Judgments Among Self-Proclaimed Independents
C. B. Hawkins y B. A. Nosek
Publicado en Personality and Social Psychology Bulletin, 38(11), pp. 1437-1452. (2012)
Y en una cuarta línea, se agruparían algunas propuestas revisionistas del concepto de identificación partidista definido por Campbell, Converse, Miller y Stokes (1960) inspiradas en la psicología social. Entre ellas, Greene (1999) señala que dicha teoría permite tratar el componente social existente en la identificación partidaria y establece tres premisas: 1) el individuo deriva de su auto-concepto el conocimiento de su pertenencia a un grupo (o a varios); 2) el individuo otorga el valor y significancia emocional a esa pertenencia; 3) esto provoca sesgos perceptivos y actitudinales, favoreciendo al grupo propio y perjudicando al resto, en tanto que el individuo se identifica a partir de un agrupamiento dicotómico.
Por su parte, Green, Palmquist y Schickler (2002) entienden la identificación partidista como una forma genuina de identificación social, en tanto que los individuos tienen un sentido duradero del tipo de grupos de personas que pertenecen o están vinculados a los distintos partidos, y de si ellos mismos se identifican con alguno de esos grupos sociales.
Como se desprende de lo anterior, en buena parte debido a la revisión desde la Teoría de la Identidad Social del concepto de identificación partidista, tanto los psicólogos políticos como los politólogos comenzaron a adoptar indistintamente los términos identificación e identidad partidista, aunque sus orígenes se encuentren claramente diferenciados.
Polarización
Dentro del campo de la ciencia política, en múltiples trabajos, la noción de identidad aparece ligada al concepto de polarización. Este vínculo parte de la idea de la dicotomía emocional que sentirían los individuos hacia el endogrupo y el exogrupo (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012). Así, cuanto más resaltable es la identidad, más fuerte sería la lealtad hacia los miembros del grupo y mayor el prejuicio y la antipatía hacia los miembros del exogrupo.
Polarización afectiva
Con posterioridad, esta vinculación entre la teoría de la identidad social y la polarización también inspiraría la definición de polarización afectiva. En la concepción inicial de este fenómeno, se defiende que la identidad partidista se ha convertido en una identidad social (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012).