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Extremismo

El extremismo se manifiesta a través de actitudes, creencias o conductas que implican una ruptura con el orden social establecido, a menudo oponiéndose a las normas democráticas vigentes. Se caracteriza por su rechazo a la pluralidad de valores e ideas y por promover una visión dicotómica y maniquea del mundo, que divide a la sociedad en grupos antagónicos: un endogrupo considerado legítimo y virtuoso y un exogrupo al que se demoniza y que es visto como una amenaza.

Convencionalmente, el término «extremismo» se ha utilizado para describir los polos opuestos de un «centro» político ideal, como una desviación de la norma, o por contraposición a lo «moderado». El concepto ha servido para indicar una posición relativa en un continuum de opinión organizada, por lo que se presta a una interpretación variable y dependiente del contexto y puede adquirir una connotación normativa en la medida en que demarca los límites de lo aceptable dentro del debate político. Aparte de su dimensión espacial, relacionada con una ubicación política, el extremismo comprende una dimensión actitudinal centrada en las creencias y emociones del individuo. Esta distinción es crucial para entender que sujetos que se posicionan ideológicamente en el centro pueden adoptar actitudes extremistas como una aversión a la diversidad ideológica y una propensión hacia el autoritarismo.

Los grupos o movimientos extremistas son identificados por su intento de desmantelar o reemplazar los cimientos de un sistema político, impulsados por la creencia de que las prácticas convencionales son obsoletas, ilegítimas o inmorales. Estos grupos aspiran a establecer un orden autoritario que monopoliza el poder y excluye la competencia ideológica, socavando la deliberación y el consenso democráticos. Tal concentración de poder amenaza derechos fundamentales, como la libertad de expresión y la igualdad legal, y subvierte los mecanismos de equilibrio y control democráticos que garantizan la representación de una variedad de intereses y perspectivas. Las ideas y actitudes extremistas pueden manifestarse de múltiples formas, abarcando un repertorio que va desde expresiones no violentas hasta acciones violentas. Mientras que algunos actores extremistas optan por el proselitismo, la protesta pacífica y el activismo político, otros pueden recurrir a tácticas como la agitación social, la intimidación, el sabotaje o, incluso, la violencia política.

Tipos de extremismo

Desde su uso en la primera mitad del siglo XX para referirse a movimientos comunistas, fascistas y a excesos de hipernacionalismo, el término «extremismo» ha abarcado una gama más amplia de orientaciones ideológicas, destacando en la Europa occidental actual dos formas predominantes: la extrema derecha y el salafismo, en particular en su corriente yihadista.

El extremismo de derechas se define por su nacionalismo excluyente, autoritarismo y una postura fundamentalmente antidemocrática. Otros rasgos distintivos que pueden variar en función del contexto son la xenofobia, el racismo, el populismo y la retórica antiestablishment.

Si bien ‘extrema derecha’ se emplea a veces en Europa para calificar a partidos políticos con agendas radicales, en el ámbito anglosajón se prefieren denominaciones como ‘far right’ o ‘radical right’ (‘ultraderecha’ o ‘derecha radical’) para estos casos. Así, una corriente académica aplica la etiqueta ‘extremismo de derecha’ exclusivamente a movimientos o entidades que rechazan la democracia y sus valores universales, y ‘derecha radical’ para aquellas formaciones que son críticas con la práctica de la democracia representativa, pero no con su fundamento.

Artículo

Extreme-Right Violence and Terrorism: Concepts, Patterns, and Responses

Tore Bjørgo y Jacob Aasland Ravndal

Publicado en ICCT Policy Brief, Septiembre 2019

El salafismo, por su parte, es un movimiento ideológico que promueve una visión excluyente del islam y aspira a la instauración de un califato teocrático donde los musulmanes adopten el modo de vida de los primeros seguidores de Mahoma. Dentro del salafismo, se identifican tres corrientes diferentes: la pietista, que prioriza la predicación para conducir a la purificación espiritual individual; la política, que participa activamente en la arena pública para reformar las estructuras gubernamentales y la sociedad de acuerdo con sus ideales islámicos; y la yihadista, que recurre a la violencia como medio para erradicar la diversidad religiosa e implantar un califato universal. Todas estas corrientes operan bajo una cosmovisión dicotómica que categoriza al mundo en «creyentes auténticos» y «apóstatas e infieles», legitimando la exclusión e incluso, para la corriente yihadista, la agresión contra quienes no comparten y adoptan su interpretación del islam.

Orígenes de su uso en el discurso político y académico

Desde su primer uso conocido para describir facciones opuestas durante las guerras de religión del siglo XVI y más tarde en el «Vormärz» alemán, el término «extremismo» se utilizó inicialmente para denotar creencias o comportamientos que se desviaban significativamente de las convenciones religiosas e ideológicas de su tiempo. Desde entonces, se ha afianzado en la discusión política para capturar la esencia de movimientos que, en su búsqueda de una transformación drástica, son percibidos como amenazas a la ortodoxia y estabilidad en momentos de fuerte polarización. Con la Revolución Rusa, «extremismo» se insertó propiamente en el lenguaje político occidental, extendiendo su alcance del extremismo de izquierda al de derecha tras el ascenso del fascismo.

Es igualmente difícil datar el momento en que el extremismo se convirtió en objeto de estudio en el campo de la ciencia política, así como la entrada del término en la discusión académica. Algunos autores han apuntado a la década de 1920 como el inicio del interés científico en el extremismo, si bien el análisis del fenómeno no adquirió profundidad hasta la publicación de obras seminales a mitad de siglo. En concreto, se han destacado dos trabajos fundamentales que estudiaron de manera temprana las dinámicas político-sociales involucradas en la aparición de esta clase de movimientos. The Vital Center, del historiador Arthur J. Schlessinger (1949), exploró la tensión entre liberalismo democrático y totalitarismo, poniendo el énfasis en la necesidad de un centro político activo y dinámico para combatir las ideologías extremistas. En The True Believer, Eric Hoffer (1951) analizó las condiciones psicosociales que facilitan la proliferación de movimientos extremistas, apuntando como patrón común en la adhesión a estos grupos la búsqueda de identidad y propósito por parte de individuos desilusionados.

Principales líneas de investigación

El análisis del extremismo ha estado tradicionalmente ligado a los estudios sobre terrorismo. En esta aproximación académica, el extremismo se concibe como el estadio final de un proceso de radicalización o como un componente esencial que antecede al terrorismo. De este modo, el extremismo se entiende dentro de un marco donde se prioriza la amenaza que representa para la estabilidad, el orden público y la seguridad nacional e internacional, enfocándose en la transición de la adopción de ideas radicales a la ejecución de acciones violentas. A este respecto, existe un intenso debate académico entre quienes ven una desconexión entre las creencias y las acciones extremistas (McCauley y Moskalenko, 2017) y quienes destacan que la adopción de un sistema de creencias extremistas a menudo precede y motiva la participación en actividades violentas inspiradas por esas creencias (Neumann, 2013).

Artículo

QAnon: Radical Opinion versus Radical Action

Sophia Moskalenko y Clark McCauley

Publicado en Perspectives on Terrorism, 15(2), pp. 142-146. (2021)

La mente de los extremistas al descubierto

Créditos: 3mins TV (YouTube).

No obstante, la investigación sobre el extremismo se ha abierto también a otros campos académicos que han enriquecido su estudio con perspectivas diversas. La extrema derecha, por ejemplo, ha sido analizada a través de la lente de la psicología social, la ciencia política y la sociología, aplicando teorías sobre el autoritarismo (Adorno, Frenkel-Brunswik, Levinson y Sanford, 1950), los prejuicios relacionados con el endogrupo y el exogrupo (Allport, 1979), y la intolerancia a la ambigüedad (Frenkel-Brunswik, 1949) para comprender sus raíces y manifestaciones.

La complejidad del extremismo y la pluralidad interdisciplinar en su estudio ha llevado a algunos académicos a argumentar a favor de la consolidación de los Extremism Studies como un campo de conocimiento autónomo. El espectro de los movimientos extremistas abarca grupos muy diversos, algunos con agendas monotemáticas, que incluyen desde el activismo medioambiental y los derechos de los animales hasta los movimientos antiabortistas, y que a menudo utilizan tácticas disruptivas sin necesariamente recurrir a la violencia. Este panorama ha motivado el desarrollo de estudios sobre el extremismo contemporáneo que representan una amenaza para la convivencia y la cohesión social a través de su impacto en la polarización política, la erosión de normas democráticas, o la legislación sobre libertad de expresión. 

Bibliografía/s

  • ADORNO, T.W., FRENKEL-BRUNSWIK, E., LEVINSON, D.J. y SANFORD, R.N. (1950): The Authoritarian Personality. Nueva York: Harper & Row.
  • ALLPORT, G.W. (1979): The Nature of Prejudice. Massachusetts: Addison-Wesley Publishing Company.
  • BACKES, U. (2007): Meaning and Forms of Political Extremism in Past and Present. Středoevropské Politické Studie, 9(4): 242-262.
  • BERGER, J.M. (2018): Extremism. Cambridge: Mit Press.
  • CARTER, E. (2018): Right-Wing Extremism/Radicalism: Reconstructing the Concept. Journal of Political Ideologies, 23: 157-182.
  • FRENKEL-BRUNSWIK, E. (1949): Intolerance of Ambiguity as an Emotional and Perceptual Personality Variable. Journal of Personality, 18(1): 108-143.
  • MCCAULEY, C. y MOSKALENKO, S. (2017): Understanding Political Radicalization: The Two-Pyramids Model. American Psychologist, 72(3):  205-216.
  • NEUMANN, P. (2013): The Trouble with Radicalization. International Affairs, 89(4): 873–893.
  • RYDGREN, J. (Ed.) (2018): The Oxford Handbook of the Radical Right. Oxford: Oxford University Press.
  • WIKTOROWICZ, Q. (2005): Anatomy of the Salafi Movement. Studies in Conflict & Terrorism, 29(3): 207-239.