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Esperanza

Este concepto tiene en su uso tres acepciones principales. La teológico-filosófica en donde se entiende como una virtud; la existencial en donde se entiende como un estado cognitivo en el que adecuamos nuestra disposición a una posibilidad que aún no existe; y la psicológica, donde se relaciona con una regulación de emociones.

Teológico-filosófica

La esperanza como concepto aparece por primera vez en la Biblia y está relacionada con la confianza en la promesa divina. Esta confianza aparece de manera recurrente tanto en el  Antiguo como en el Nuevo Testamento y se encuentra en relación con la Tierra Prometida (Is. 40, Ezeq. 40), la Ciudad Nueva, la resurrección (Macab. II, 7). La esperanza nace con la promesa hecha a Abraham, en la que Dios jura por sí mismo, que le bendecirá y otorgará descendencia (Gen. 17). La esperanza se entiende, entonces, como la decisión de creer en lo prometido. Es un acto positivo que organiza al ser humano hacia el reino de Dios. El esperanzado es aquel que espera la llegada de lo prometido.

La esperanza en el cristianismo se constituye como una de las tres virtudes teologales junto con la caridad y la fe (la substancia de lo que se espera). Estas virtudes se suman a las cuatro virtudes clásicas (prudencia, justicia, templanza y coraje) y juntas constituyen las siete virtudes celestiales. Estas virtudes, que ordenan la razón y el carácter, orientan al individuo hacia el bien.

La esperanza y la fe en su sentido teológico-filosófico han sido criticadas por considerarse virtudes apolíticas, o incluso anti-políticas. Maquiavelo, por ejemplo, consideraba la esperanza como nociva para la formación de ciudadanos porque el esperanzado tiende a ignorar los obstáculos y a sobrevalorar las posibilidades. Esto lo hace muy proclive a favorecer cambios de gobernantes o sistemas de gobierno generando inestabilidad. Además, lo que el cristianismo ve como una virtud, esperar a lo prometido, Maquiavelo lo ve como una debilidad, pues predispone a la ciudadanía a soportar en este mundo, en el más acá, mucho más de lo que debería, aumentando la tolerancia a las tiranías.

Existencial

La acepción existencial de la esperanza está ligada con el futuro, pero no es sólo esperar a que algo tenga lugar. Se trata de un cambio en la disposición del espíritu o de la psiquis para que eso que se espera, de hecho, ocurra. Es, en última instancia, un juego entre el presente y el futuro, donde hay un esfuerzo hoy por permitir que lo que se quiere llegue.

Un ejemplo de esta acepción de esperanza se encuentra en el uso de la palabra HOPE en la campaña de Barack Obama en EE.UU en 2008. Su uso junto con otros eslóganes como «El cambio en el que creemos» o «Sí, podemos» ayudó a encapsular el mensaje de optimismo de Obama y la posibilidad de un cambio positivo tras años de desafíos políticos y económicos en EE.UU. No se trataba solo de la crisis económica, las guerras en Iraq y Afganistán y la polarización. Para muchos era una ficción que se pudiera elegir a un presidente negro en EE.UU., pero al creer en esa posibilidad, la hicieron viable. Quienes esperan este cambio adecuan su individualidad  para hacer real lo que antes era solo posible.  

Yes We Can – Barack Obama, 2008

Créditos: Music video. Canal YouTube WeCan08 (YouTube).

Esta adecuación del alma es similar a lo que propone Kierkegaard con respecto al amor. No es posible prometer a alguien amarlo por siempre, pero al disponer el alma, el esfuerzo, la dedicación hacia esa promesa, lo prometido se comienza a hacer real. Este tipo de esperanza, afirmativa, creadora, guía también los movimientos y cambios sociales y hace parte de la acción colectiva.

Podcast DianaUribe.fm

La esperanza de Chile por Diana Uribe

Puedes escuchar este episodio sobre la esperanza en el caso de la movilización chilena de 2019 que llevó al plebiscito para elaborar una nueva constitución

Psicológica

La definición psicológica de esperanza tiene que ver con un estado emocional contrario al miedo. La esperanza es esa emoción tranquilizadora que permite  sobrellevar el día a día.  Es también una expectativa positiva de que cosas favorables van a ocurrir, incluso en momentos de adversidad o de incertidumbre. Esta emoción, cercana al optimismo, invita a seguir y a apoyar ciertos objetivos, también hace posible seguir actuando, seguir viviendo. Por el contrario, el desesperanzado se hace insensible a los estímulos que lo invitan a continuar.

La esperanza, además, es un recurso psicológico que puede mejorar el bienestar. En la Grecia clásica, la esperanza, aunque no se nombra de forma explícita, se entiende como consuelo y aparece sobre todo en momentos de incertidumbre. Esperanza, en este contexto, es actuar como si se supiera algo de un futuro desconocido y esa convicción permite la regulación de las emociones.

En comunicación política, este uso de la esperanza tiene lugar en momentos de alto estrés colectivo, como en casos de guerras o desastres. La pandemia del COVID-19, por ejemplo, vino acompañada de mensajes como aquel del Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, «We are in this together—and we will get through this together». Este tipo de mensajes animan a creer en el poder de la humanidad para sacarnos de una situación indiscutiblemente incierta. Asimismo, es común el uso de la esperanza asociado a procesos de cambio político.

Foto: Antonio Guterres, Secretario General de Naciones Unidas. We are in this together – and we will get through this together.

Bibliografía/s

  • ADURIZ, J. (1949): Gabriel Marcel: El existencialismo de la esperanza. Madrid: Espasa-Calpe.
  • FORTE MONGE, J. M. (Ed.) (2011): Maquiavelo. Barcelona: Gredos.
  • KIERKEGAARD, S. (2009): Works of Love. Nueva York: HarperCollins.
  • LAU, R. R. y POMPER, G. M. (2004): Negative campaigning: An analysis of US Senate elections. Estados Unidos: Rowman & Littlefield.
  • MACINNIS, D. J., y DE MELLO, G. E. (2005): The concept of hope and its relevance to product evaluation and choice. Journal of Marketing, 69(1): 1–14.