La palabra «entusiasmo» proviene del griego y significa (éndon + téos), es decir, llevar a Dios adentro. Para los griegos, eran las musas que daban inspiración a los creadores y oradores. El entusiasmo se define como un sentimiento positivo que brinda energía e ideas originales para realizar tareas o para persuadir a otros. Es un concepto clave de la oratoria en general y se considera una herramienta imprescindible para una pieza oratoria efectiva (Nigro, 2012). Se lo define también como una «adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño», según la Real Academia Española (2023).
Entusiasmo y oratoria política
No se concibe que un orador político carezca de entusiasmo. Porque este supone también que uno «cree» en las ideas que postula. Tanto en el debate político como en las exposiciones públicas, los oradores deberían estar muy convencidos de su mensaje para poder transmitir sus ideas a otros y para lograr que los apoyen. Hay una relación profunda entre el entusiasmo y la ética. Decir la verdad fortalece el entusiasmo. Cuando se revelan con verdad los propios sentimientos las palabras surgen en sincronización con las emociones, con las manifestaciones físicas y verbales (Spence, 1996). Con respecto a los debates presidenciales en particular, generan tanto discusión como fascinación (Barbieri y Reina, 2023). No hay que olvidar que esas reacciones se suscitarán, en la medida en que los participantes transmiten su entusiasmo para argumentar y defender sus propuestas. Con oradores entusiastas, en un debate, puede darse un «estímulo intelectual del interés cívico» (Crespo, Garrido, Carletta y Riorda, 2011, p. 200). Pero no se debe olvidar que ese estímulo también afecta a las emociones de la audiencia.
Entusiasmo y polarización política
Hasta ahora, el entusiasmo se ha ido describiendo como un sentimiento positivo pero no se puede obviar que se vive en un contexto polarizado en casi todos los aspectos fundamentales de la vida humana. Las demandas, que provienen de distintos espacios, necesitan ser procesadas atendiendo a las distintas voces, por más que a veces requieran un tiempo que no coincide con lo deseado (Pelfini, 2007). Se podrían llamar entusiastas a los defensores de un grupo político (o de otro tipo) como a los de otro. Pero es también muy cierto que hay que estudiar en profundidad, si es el entusiasmo o es el fanatismo el que se despliega en los discursos de odio (Nigro, 2023). Nadie puede argumentar con un fanático o un escéptico reiteran, recordando a Aristóteles, (Perelman y Olbrechts-Tyteca, 1989).