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Enfado

Se define como una emoción displacentera que se activa como reacción o expresión hacia un objeto o individuo externo cuyas acciones, voluntarias o involuntarias, son consideradas reprochables.

Antecedentes

La variedad de emociones que son similares al enfado, además de los procesos ligados a esta emoción, puede acarrear un error de conceptualización. Sus diferentes significados y formas de expresión se acomodan a diversos entornos y sociedades. Esto la convierte en un fenómeno emocional y cultural específico.

Plutchik (2001), por ejemplo, sitúa el enfado en un grado de intensidad inferior a la ira.

Tomando una visión filosófica, en su Retórica, Aristóteles describe la ira como un tipo de deseo de dolor que viene ocasionado por otras personas que no tienen la legitimidad de despreciar al otro. Esta es virtuosa, si es contenida y justa, o un vicio si es excesiva e injusta.

La filosofía estoica enumera los siguientes tipos de ira: la ira incipiente; la ira hinchada; la ira que estalla repentinamente; la ira que espera por el momento adecuado para la venganza; el anhelo de que las cosas le vayan mal a alguien y el anhelo de que las cosas le vayan mal a alguien por su propio bien. Esta polisemia está en la semántica actual del enfado.

Al contrario, los peripatéticos, seguidores de las enseñanzas aristotélicas, se desligaron de la visión viciosa de la ira promovida por el estoicismo. En el dogma cristiano, la ira adopta el rostro de Dios hacia el pecado. La ira, junto a otras emociones, son concebidas como desórdenes afectivos del pecado. Esta es la visión de Casiano que, influenciado por la tradición neoplatónica, no ve virtud en la ira pues frena la razón y mina las relaciones humanas.

La escolástica también asume la concepción de emoción destructiva dentro de las relaciones humanas. Tomás de Aquino la ha vinculado al desprecio y la instigación hacia el otro. La asunción cristiana de la ira como pecado la coloca como una emoción tabú que debe eludirse. Sin embargo, desde la filosofía tomista, no toda ira es desechable si sigue la razón y evita su exceso, siempre que su fin sea laudable.

Desde la sociología se han aplicado metodologías de autoinforme para analizar el enfado. Su operacionalización describe esta emoción desde los sentimientos más leves como el enojo, hasta los más intensos como la rabia.

Causas del enfado

La sociología constructivista sitúa el origen del enfado en la socialización primaria, transmitida de padres a hijos a partir de sentimientos primarios como el miedo, la vergüenza o la decepción.

El enfado se desencadena por la interrupción de rutinas o por la frustración de objetivos, individuales o colectivos. Entre sus predictores están la injusticia (Turner y Killian, 1987), la identidad y la eficacia.

La intencionalidad de la interrupción marca la intensidad del enfado. Si se percibe intencionalidad, el enfado tomará una mayor intensidad. Sin embargo, el enfado también puede originarse de manera involuntaria (Averill, 1982).

Paradójicamente, el enfado puede ser causado por el enfado. Este fenómeno derivaría en una bola de nieve que podría desencadenar una escalada de tensión peligrosa (Ekman, 2003). El enfado también es expresión de rabia, furia, molestia, irritación y exasperación.

El modelo estructural de la teoría de la evaluación recoge dos tipologías: primarias y secundarias. Las evaluaciones primarias preceden al enfado, por ejemplo, una amenaza al ego. La evaluación secundaria complementa a la primaria, por ejemplo, mediante la culpabilización. Para la valoración del enfado son necesarias motivaciones relevantes y un depositario de la responsabilidad de dicho enfado, un culpable o responsable externo de acciones reprobables.

Como reacción fisiológica

Los estudios primigenios sobre el enfado lo han catalogado como una emoción básica y universal. Como emoción expresiva, el enfado se refleja a través de la gestualidad mediante los puños, los golpes o los ataques sobre objetos. A través del rostro, el enfado es identificado mediante unas cejas bajas y juntas y unos párpados superiores levantados (Ekman, 2003).

Imagen: El rostro del enfado. Créditos: Paul Ekman Group. What is anger?

Otras manifestaciones fisiológicas del enfado son la sensación de calor, el aumento de la frecuencia cardiaca, la tensión muscular o la dilatación arterial. También es relevante la activación del sistema nervioso autónomo y del sistema endocrino. Dichas respuestas fisiológicas van acompañadas de una alta agitación cognitiva (Cacioppo et al., 2000).

Comportamientos asociados

El enfado se manifiesta en contextos de incertidumbre. A diferencia del miedo, cuya respuesta es la huida a una amenaza, el enfado responde mediante la confrontación y la defensa. Esto requiere que el individuo destine recursos a hacer frente a dicho peligro. Desde esta perspectiva el comportamiento y las conductas son más enérgicas.

Desde un enfoque constructivista, el enfado debe tener un objeto externo de expresión cuyos componentes son tanto biológicos, psicológicos, sociales y culturales (Averill, 1982). Así, el enfado es una emoción con una función social para el individuo. Se trata de una emoción socialmente construida de la que participan percepciones, significados, cultura y semántica.

Desde el funcionalismo, el enfado tiene una función adaptativa para la supervivencia del individuo.

Constructivistas y funcionalistas asumen el enfado como una emoción regulatoria de los procesos psicológicos y fisiológicos relacionados con la autodefensa y la ordenación de la conducta individual en las relaciones interpersonales y con otros grupos.

ISPP 2020: Plenary Session with Speaker Prof. George Marcus

Créditos: Canal de Youtube de ISPP (YouTube).

El enfado entraña comportamientos y decisiones de ataque. Si los objetivos se ven comprometidos, este tomará matices de agresividad. Se convierte así en una violencia que puede manifestarse a partir de la expresión verbal o física (Ekman, 2003).

El enfado está asociado al conflicto entre grupos y al apoyo de actitudes agresivas hacia grupos políticos opuestos (Schnakenberg y Wayne, 2024).

Los individuos movidos por el enfado no necesitan nuevos flujos de información. El individuo enfadado se caracteriza por el refuerzo de sus convicciones y heurísticas existentes. Las respuestas conductuales son más seguras, pero también menos cuidadas y agresivas (Druckman y McDermott, 2008).

Las opiniones de los individuos enfadados se construyen tomando como base sus propias heurísticas y evitando las disonancias cognitivas. Téngase en consideración que el enfado exige una mayor dependencia de los hábitos ya aprendidos y asimilados rutinariamente, por ejemplo, la identidad con un grupo político (Groenendyk y Banks, 2014).

Asimismo, el enfado es un catalizador emocional de la indignación y, por consiguiente, tiene un papel clave en la participación política y, en especial, en el acto de protesta. (Schnakenberg y Wayne, 2024).

Artículo

Constructing Indignation: Anger Dynamics in Protest Movements

J. M. Jasper

Publicado en Emotion Review, 6(3), pp. 208-213. (2014)

El enfado se ha configurado como un estado emocional capaz de amplificar la polarización política, mediante el refuerzo de las posiciones políticas e ideológicas a lo largo todo el espectro (Vasilopoulos et al., 2018). Las evaluaciones negativas de los grupos exógenos y el deseo de castigar la violación de normas éticas y morales son causa de polarización afectiva (Renström et al., 2023). Esto la convierte en una emoción movilizadora y reguladora de los riesgos individuales. Los individuos guiados por el enfado tienden a correr más riesgos que de otro modo no asumirían (Druckman y McDermott, 2008).

Bibliografía/s

  • AVERILL, J.R. (1982): Anger and aggression: An essay on emotion. Nueva York: Springer Publishing Company.
  • CACIOPPO, J.T., BERNTSON, G.G., LARSEN, J.T., POEHLMANN, K.M. e ITO, T.A. (2000): The psychophysiology of emotion. En M. Lewis y J.M. Haviland-Jones (Eds.), Handbook of emotions, pp. 173-191. New York: The Guilford Press.
  • DRUCKMAN, J.N. y MCDERMOTT, R. (2008): Emotion and the Framing of Risky Choice. Political Behavior, 30: 297-321.
  • EKMAN, P. (2003): Emotions Revealed. Nueva York: Times Books.
  • GROENENDYK, E. W., y BANKS, A. J. (2014): Emotional rescue: How affect helps partisans overcome collective action problems. Political Psychology, 35(3): 359-378.
  • PLUTCHIK, R. (2001): The nature of emotions. American Scientist, 89: 344-350.
  • RENSTRÖM, E.A., BÄCK, H. y CARROLL, R. (2023): Threats, Emotions, and Affective Polarization. Political Psychology, 44: 1337-1366.
  • SCHNAKENBERG, K. E., y WAYNE, C. N. (2024): Anger and Political Conflict Dynamics. American Political Science Review, 1–16.
  • TURNER, R. H. y KILLIAN, L. M. (1987): Collective behavior. Englewood Cliffs: Prentice-Hall
  • VASILOPOULOS, P., MARCUS, G.E. y FOUCAULT, M. (2018): Emotional Responses to the Charlie Hebdo Attacks: Addressing the Authoritarianism Puzzle. Political Psychology, 39: 557-575.