Estos dos conceptos han sido estudiados desde la sociología y la psicología social. El endogrupo se refiere a un grupo social con el que una persona se identifica en tanto miembro mientras que el exogrupo se refiere a aquel del cual no se siente parte (Bourhis y Gagnon, 1994).
Los conceptos se desarrollaron al interior de la Teoría de la Identidad Social, que desde los años 70 se convirtió en un marco de referencia para comprender la incidencia de los procesos psicológicos en los cambios sociales desde una visión intergrupal. Estos se desprenden de la categorización que realizan los individuos sobre los grupos a los que pertenecen. Así, las personas se identifican con algunos, con los que conforman un «nosotros» y se distinguen de otros, que se convierten en un «ellos». Pero, además, estos grupos conforman la sociedad en su conjunto.
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De los trabajos de Sheriff a la Teoría de la Identidad Social
La reflexión sobre los endogrupos y los exogrupos encuentra sus antecedentes en los trabajos de Sheriff (1966), quien explicó que los grupos pueden relacionarse entre sí a partir de la competencia o de la cooperación. En la primera, en un intento de obtener la mayor cantidad de recursos disponibles, tienen lugar procesos de discriminación a favor del propio grupo, que es evaluado mejor respecto a los otros de los que no se forma parte.
Más tarde, Rabbie y Horwitz (1988) llevaron a cabo una serie de experimentos en los que evidenciaron que las personas se identifican con los grupos de los que forman parte, aunque no se encuentren en situación de competencia; y esto ocurre incluso si éstos se forman aleatoriamente. Además, observaron que las evaluaciones que los individuos realizan hacia los grupos de pertenencia tienden a ser más favorables si se les compara con aquellas que se realizan hacia los otros.
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Tomando lo propuesto por Sherif (1966), Tajfel (1981) hizo ver que la situación de competencia no era un factor explicativo suficiente para entender cómo la pertenencia a los grupos incide en la construcción de las identidades, ni para desentrañar los procesos de interrelación grupal. En su reflexión al respecto integró los avances de Rabbie y Horwitz (1988) para elaborar el paradigma del grupo mínimo. Tajfel (1981) explicó que la categorización aleatoria de las personas lleva a la creación de identificaciones por parte de estas, sin que existan necesariamente situaciones de competencia por recursos. Dicho de otro modo, la identificación con grupos creados aleatoriamente se trata de un proceso primordialmente cognitivo. Debido a que los grupos son aleatorios y sin otras características en común, fueron denominados grupos mínimos.
A partir de la Teoría de la Identidad Social (Tajfel y Turner, 1979), se demostró que la categorización es una herramienta con la que cuentan las personas para entender y situarse en el espacio social. Así, definir de qué grupos se es parte, y de cuáles no, cobra sentido para la construcción de la identidad. De este modo, la competencia por los recursos trasciende el nivel concreto para situarse en el simbólico, que también termina mediando el proceso de construcción identitaria. Este proceso explica por qué las personas tienden a generar el sesgo de favoritismo endogrupal, es decir la preferencia de sus propios grupos de pertenencia por sobre los otros. Pues si la identidad se construye en base a las pertenencias, es comprensible que las personas construyan las propias como positivas y lo más favorables posibles de cara a otros grupos con los que se comparan.
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Al respecto, Tajfel y Turner (1979) explican que las personas buscan mantener o mejorar la percepción que tienen de sí mismas. Al valorar positivamente su endogrupo refuerzan su propia imagen a través de la pertenencia.
Los autores señalan también que, dado que los grupos y categorías sociales son valorados positiva o negativamente en el ámbito social, estas valoraciones se transfieren también a sus miembros y las personas evalúan sus grupos de pertenencia y el prestigio que tienen. Esto, que es en realidad un proceso complejo, puede terminar ocasionando que los individuos busquen integrar otros grupos si la identidad social de aquellos a los que pertenecen no les resulta satisfactoria.
Trabajos posteriores y aplicaciones
Tras la muerte de Tajfel, Turner (1987) siguió trabajando sobre las condiciones en las que las personas se autodenominan miembros de los grupos y desarrolló una serie de hipótesis relativas al autoconcepto. Pero, además, a partir de la idea de endogrupo y exogrupo se ha contribuido a la reflexión de dos grandes áreas: la identidad y la acción colectiva. La primera, apuntalando los Modelos de la identidad social (Elaborated Social Identity Model) de Reicher y las reflexiones sobre las identidades de los grupos estigmatizados y sus resignificaciones (Muñoz-Canto, 2017). La segunda se hace visible en Teoría de la acción colectiva de Van Zomeren y en los trabajos sobre motines y violencia de los admiradores deportistas, específicamente los llamados hooligans.
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