Volver arriba

Emociones

El estudio de las emociones se ha venido desarrollando en el ámbito de las ciencias sociales y se ha intensificado en los últimos tiempos. Si bien, cabe destacar la gran dificultad para llegar a una definición satisfactoria de las emociones ya que abarca múltiples acepciones, así como perspectivas analíticas (Marcus, 2000).

Emociones como concepto

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan los modos de adaptación del individuo ante la percepción de diversos estímulos, que pueden ser objetos, personas, lugares, sucesos o recuerdos relevantes.

Desde una perspectiva psicológica, estas alteran la atención, modulan ciertas pautas de conducta y activan redes asociativas pertinentes en la memoria. Por lo que, son las emociones las que van a coordinar las respuestas de los sistemas biológicos, como las expresiones faciales, el sistema muscular y la voz.

Teniendo en cuenta una visión vinculada al comportamiento, las emociones desempeñan un papel fundamental en la regulación de nuestra relación con el entorno, impulsándonos hacia ciertas personas, objetos o acciones, y alejándonos de otros. Además, actúan como receptáculos de influencias tanto innatas como aprendidas, exhibiendo características tanto constantes como variables entre individuos, grupos y culturas.

No deben confundirse emociones con los sentimientos, si la emoción es la reacción a un estímulo los sentimientos serían la perdurabilidad de esa emoción en el tiempo. En este sentido, Gordon (1981) los distingue haciendo énfasis en que las primeras serían pautas socialmente construidas de sensaciones, gestos expresivos y significados culturales organizados en torno a la relación con un objeto social.

Los sentimientos serían el resultado de las emociones, se caracterizan por ser más perdurables en el tiempo y susceptibles de ser expresados verbalmente (Arias Maldonado, 2016).

Emociones en política

Durante muchos años, la psicología política y los estudiosos de la política en general descuidaron el estudio de la emoción. Cualesquiera que sean las razones de la negligencia, ya no es cierto. Las emociones se entienden mejor como reacciones a señales sobre la importancia que tienen las circunstancias para los objetivos y el bienestar de un individuo. La fuente de esas señales puede ser externa o interna.

Desde mediados de la década de 1990 se ha producido un giro «emocional» o «afectivo», primero en el lado occidental y luego en el oriental del Atlántico. Este giro parece abarcar a casi todas las principales disciplinas y subdisciplinas de las humanidades y las ciencias sociales y políticas.

Pero este giro afectivo en discusión no constituye un paradigma dominante, un nuevo gran relato; más bien sirve como un universo de discurso y, en consecuencia, como una lente adicional para ver los fenómenos sociales y políticos.

Todos los grandes filósofos políticos y morales fueron también grandes teóricos de la emoción. Tomemos, por ejemplo, a Aristóteles, San Agustín, Tomás de Aquino, Maquiavelo, Spinoza, Hobbes, Hume, Smith y Arendt, quienes se ocuparon de la afectividad bajo diferentes denominaciones que expresaban diferentes comprensiones históricas y culturales de la psique humana: pasiones, apetitos, afectos, sentimientos, sentimientos, emociones (Dixon, 2003).

Las emociones políticas no necesariamente deben sentirse conscientemente. Uno puede estar completamente orgulloso de su país y, al mismo tiempo, odiar inconscientemente a otras nacionalidades.

A pesar de que la experimentación psicológica política se centra en las reacciones emocionales viscerales cortas a los estímulos políticos, las emociones políticas per se no son necesariamente cortas y transitorias. La lealtad partidista, la confianza política o la venganza traumática después de una guerra civil son unas disposiciones afectivas duradera de naturaleza transgeneracional. Funcionan como «emociones programáticas» (Barbalet, 2006) en el sentido de que sostienen las instituciones y prácticas políticas, configurando así la cultura pública.

Algunas tipologías son más adecuadas que otras para teorizar las emociones políticas; Por ejemplo, la distinción entre emociones primarias y secundarias (o mixtas) y positivas y negativas no parece ser tan pertinente a la política como otras tipologías como las emociones «relacionales», «morales», «anticipatorias» o «dirigidas a otros». Las descripciones generales del miedo o la ansiedad como emociones negativas pueden ser menos concluyentes para la comprensión de la agitación política que designarlas como emociones relacionales o anticipatorias provocadas por la distribución diferencial de los recursos de poder dentro de coordenadas espacio-temporales concretas.

Con respecto a las emociones positivas y negativas, se enmarca en el concepto valencia emocional, como forma de medir cómo las emociones influyen en nuestras percepciones, actitudes, juicios y comportamientos hacia diversos estímulos.

Tipos de emociones

Las emociones humanas no son meras respuestas automáticas a estímulos ambientales, según la teoría de la apreciación (Brody, 1999). En lugar de ser simplemente mecanismos biológicos, los seres humanos evaluamos cognitivamente nuestro entorno antes de experimentar o expresar una emoción.

Es por ello, que en esta complejidad existen dos grupos de emociones, por un lado, las primarias o básicas que son respuestas universales, fundamentalmente fisiológicas, evolutivamente relevantes, y biológica y neurológicamente innatas. Éstas en función de los diferentes autores, atendiendo a diferentes contextos, son más o menos pero hay cierto consenso en que son la alegría, la tristeza, el miedo, la ira, el asco y la sorpresa.

Por otro lado, las emociones secundarias, que pueden surgir de una combinación de las primarias, están altamente influenciadas por el entorno social y cultural. Así, en función del contexto las secundarías serán más o menos y más o menos desarrolladas. Las emociones siendo primarias/ básicas o secundarias pueden desencadenarse por diferentes procesos cognitivos y no de la misma manera, por lo que es importante saber cuáles son los desencadenantes de estas, así como los efectos que provocan.

En este sentido, los grandes paradigmas teóricos que nos permiten entender el efecto de las emociones en el cerebro político son fundamentales para comprender cómo las emociones influyen en el comportamiento político y en la toma de decisiones de los individuos y las sociedades (Crespo-Martínez et al., 2022). El enfoque neuropsicológico que se centra en la relación entre las emociones y la estructura y funcionamiento del cerebro. Sugiere que las emociones tienen una base biológica y son influenciadas por la actividad de regiones cerebrales específicas. En el contexto político, este enfoque implica estudiar cómo las respuestas emocionales a los mensajes políticos están vinculadas a la activación de ciertas áreas cerebrales, y cómo esto puede influir en la formación de actitudes políticas y decisiones electorales. La Teoría de la Inteligencia Afectiva que entiende que las emociones son cruciales para la inteligencia y el pensamiento humano. Propone que la capacidad de entender, manejar y utilizar las emociones de manera efectiva es un aspecto esencial de la inteligencia emocional. En el ámbito político, esta teoría implica analizar cómo la habilidad para reconocer y regular las propias emociones, así como comprender y responder a las emociones de los demás, influye en el liderazgo político, la comunicación política y la toma de decisiones. Finalmente, el enfoque cognitivo que se concentra en cómo las personas procesan, almacenan y utilizan la información. Sugiere que las emociones desempeñan un papel importante en la percepción, interpretación y memorización de la información. En el contexto político, este enfoque implica estudiar cómo las emociones influyen en la formación de actitudes políticas, la evaluación de candidatos y la toma de decisiones electorales, así como en la persuasión política y la formación de opiniones públicas

Enfoques y efectos de las emociones

El efecto de las emociones en el cerebro político es multifacético y complejo, y diferentes enfoques teóricos ofrecen perspectivas complementarias para comprender cómo las emociones influyen en el comportamiento político.

En este sentido, se destacan el enfoque neuropsicológico, enfocado en cómo las emociones afectan el cerebro y, por ende, el comportamiento político. Las emociones activan áreas específicas del cerebro asociadas con la toma de decisiones y la regulación emocional. En el ámbito político, las emociones pueden influir en la percepción de problemas políticos, las actitudes hacia los líderes y las decisiones de voto.

La teoría de la inteligencia afectiva, que sugiere que las emociones son cruciales en la toma de decisiones y el procesamiento de información política. Así, las emociones positivas pueden ampliar la gama de pensamientos y acciones, mientras que las negativas pueden reducir la capacidad cognitiva y generar actitudes políticas más rígidas.

Finalmente, el enfoque cognitivo, centrado en cómo las emociones interactúan con los procesos cognitivos para influir en el comportamiento político. Las emociones pueden afectar la percepción, la memoria y el razonamiento político, así como la motivación para la participación política, como la votación.

Emociones y polarización

La vinculación entre emociones y polarización influye en la intensificación de las divisiones políticas en una sociedad. Además, las emociones pueden llevar a las personas a adoptar posturas más extremas y a ser menos receptivas al diálogo o la negociación con aquellos que tienen opiniones diferentes, lo que puede alimentar aún más la polarización política. Dada la presencia y la relevancia crecientes del componente emocional en la política contemporánea, la polarización emocional tiene una enorme influencia en las actitudes y el comportamiento de la ciudadanía (Lagares, López, Oñate y Blasco, 2023).

Sus efectos negativos sobre la cohesión social y política, las causas de la polarización política se han convertido en uno de los temas más estudiados en la ciencia política (Iyengar, Lelkes, Levendusky, Malhotra y Westwood, 2019). Entre estas causas, las emociones negativas, como la ira o el miedo, han recibido considerable atención debido a que pueden ser explotadas por líderes políticos o medios de comunicación para polarizar a la población y crear una mayor división entre grupos con diferentes puntos de vista.

Imagen: El Grito de Munch (1893). Créditos: Wikipedia Commons. This is a faithful photographic reproduction of a two-dimensional, public domain work of art. The work of art itself is in the public domain for the following reason:

Bibliografía/s

  • ARIAS MALDONADO, M. (2016): La democracia sentimental. Política y emociones en el SXXI. Barcelona: Página indómita.
  • BARBALET, J. (2006): «Emotions in Politics: From the Ballot to Suicide Terrorism». En S. CLARKE, P. HOGGET y S. THOMPSON (1999): Gender, Emotion, and the Family, pp. 31-55. Cambridge, MA: Harvard University Press
  • CRESPO-MARTÍNEZ, I., GARRIDO-RUBIA, A. y ROJO-MARTÍNEZ, J. M. (2022): El uso de las emociones en la comunicación político-electoral. Revista Española de Ciencia Política, (58): 175.
  • DIXON, T. (2003): From Passions to Emotions. The Creation of a Secular Psychological Category. Cambridge: Cambridge University Press.
  • GORDON, S.L. (1981): «The sociology of sentiments and emotions». En M. ROSENBERG y R.H. TURNER (Eds.): Social Psychology: Sociological Perspectives, pp. 562–569. Nueva York: Basic Books.
  • IYENGAR, S., LELKES, Y., LEVENDUSKY, M., MALHOTRA, N. y WESTWOOD, S.J. (2019): The origins and consequences of affective polarization in the United States. Annual Review of Political Science, 22(1): 129–146.
  • LAGARES, N., LÓPEZ, P.C., OÑATE, P. y BLASCO, O. (2023): Emociones y polarización de las comunidades digitales en américa latina: elecciones presidenciales 2018-2019. Análisis Político, 36: 106.
  • MARCUS, G.E. (2000): Emotions in politics. En S. CLARKE, P. HOGGET y S. THOMPSON (Eds.): Emotion, Politics and Society, pp. 31-55. Londres: Palgrave.