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Desinformación

Consiste en una estrategia comunicativa que, a través de muy variados procedimientos de falsificación o de manipulación de contenidos (aplicados a menudo de manera simultánea), proporciona información cuyo objetivo es engañar deliberadamente a la población para favorecer ciertos fines o para perjudicar otros. Puede promover desde simples rumores hasta trabadas teorías, incluidas las de carácter conspirativo (Rid, 2021). Ampliamente utilizada por los servicios de inteligencia y de propaganda bélica con el auge de los medios de comunicación de masas (posiblemente estos son sus dos confluentes orígenes), la desinformación se extiende a cualquier actividad de la vida social en la que haya agentes que tengan interés y medios para promoverla. Puede ser asimismo producto de una coincidencia de intereses diversos que, sin un centro director único, se beneficien de un determinado clima de opinión y puedan contribuir a alimentarlo con información falsa o engañosa –y, en todo caso, interesada (Rid, 2021).

Desinformación, información errónea e información maliciosa

Aunque en el uso tienden a confundirse (sobre todo en lengua inglesa), desde un punto de vista analítico es preciso distinguir la «desinformación» (en inglés, disinformation) de la «información errónea» (misinformation), así como de la «información maliciosa» (malinformation).

Platform democracy: polarization, information disorder and incivility in a connected society, by Giovanni Boccia Artieri I Piergiorgio Degli Esposti

Créditos: UNIBO.IT.

La información maliciosa responde a un deliberado y torticero propósito, pero, a diferencia de la desinformación, consiste en difundir información de carácter privado o confidencial que, aunque pueda ser cierta, suele presentarse de manera sesgada, incompleta o abusiva, con la pretensión de causar daño a la imagen o credibilidad de un particular o de un agente social.

A diferencia de las anteriores, la información errónea no persigue engañar, ni crear un clima de opinión, ni tampoco causar daño a un tercero por parte de quienes la propagan. Estos simplemente transmiten información que incorpora errores o inexactitudes por ignorancia o descuido. También puede ocurrir que el sentido original de la información haya sido mal interpretado por desconocimiento del contexto en el que fue producida (por ejemplo, cuando, habiendo sido emitidos unos mensajes de manera metafórica, irónica o sarcástica, el transmisor -y/o el receptor- creen que fueron emitidos de manera literal). Por tanto, la información errónea no responde a una campaña o estrategia comunicativa.

Sin embargo, en inglés se usa a menudo el término misinformation como sinónimo de desinformación (disinformation). De hecho, el diccionario Cambridge recoge una segunda acepción del término misinformation que resulta afín a la acepción primera que el mismo diccionario proporciona de la palabra disinformation. Bien es cierto que marca una diferencia fundamental, pues, aunque las dos acepciones incluyen el propósito deliberado de engañar o confundir, la misinformation no lo hace con información falsa, sino con un uso sesgado o engañoso de información que, en lo básico, es correcta.

De la proximidad conceptual de estos dos vocablos en la lengua inglesa da testimonio el uso que hace Galbraith (2011a) de la palabra misinformation cuando afirma que las nociones de «sentido común» sobre el déficit público responden a un cúmulo de intereses económicos y políticos variados, hasta el punto de que constituiría «(…) one of the great misinformation campaigns of all time». Por el contexto (y otros escritos del mismo autor) es fácil deducir, sin embargo, que aquí emplea el término misinformation como sinónimo de disinformation. De hecho, la traducción española de ese texto (ampliamente divulgado por las redes digitales de izquierda alternativa durante la Gran Recesión) traducía el término original misinformation por el término español desinformación: «Todas esas idioteces [los asertos relativos al déficit público que circulan entre la opinión pública a modo de sentido común] no son más que parte de una de las mayores campañas de desinformación de todos los tiempos» (Galbraith, 2010b). Más recientemente, y respecto a un asunto muy diferente (la pandemia Covid-19), un informe auspiciado por la Organización Mundial de la Salud insiste en la idea de que, al menos desde el punto de vista de sus consecuencias prácticas, desinformación e información errónea «son parte del mismo problema» (Abed, Allain-Ioosa y Shindo, 2024).

Artículo

In Defense of deficits

TheNation.com

[Traducido al español]

Cualquiera que sea el origen o el propósito de la desinformación, el simple hecho de la inflación informativa (esto es, que circulen cantidades ingentes de información sobre cualquier asunto cuyo contraste y comprensión requeriría una preparación adecuada, una buena motivación y un enorme esfuerzo) conduce a la confusión o el desconocimiento sobre asuntos muy variados de la realidad social que afectan a nuestras vidas cotidianas (Otte, 2010). Es decir, la inflación informativa, en ausencia de tiempo y preparación para documentarse y pensar los problemas, desinforma en sí misma, provocando confusión e ignorancia. Como corolario, se produce una simplificación sesgada de los problemas, hasta el punto de que puedan ser considerados hechos inevitables o, incluso, naturales. Finalmente, al obtener una definición distorsionada de la realidad, los ciudadanos pierden el control sobre aspectos fundamentales de sus vidas y, con ello, pierden asimismo la posibilidad de ejercer de manera efectiva, consciente y consecuente su soberanía.

El nuevo oscurantismo

Créditos: Esquizofrenia Natural (YouTube).

Desinformación y polarización

Extremadamente facilitadas por los medios digitales (cada vez más dependientes de los algoritmos establecidos por corporaciones privadas), la desinformación, la información errónea y la información maliciosa conforman un «desorden informativo» y, por ende, suscitan un amplio estado de confusión y desamparo cognitivos que estarían alimentando otros fenómenos sociales, como la posverdad, el negacionismo y, finalmente, la polarización social. Estos, a su vez, parecen nutrir otras manifestaciones sociopolíticas, como la xenofobia, las batallas culturales y, finalmente, el populismo, especialmente el de la derecha radical (Barbeito, 2020).

Desinformación, información errónea e información maliciosa constituyen, en fin, factores configuradores de la gestión de la visibilidad en la lucha por el control de las definiciones sociales y de la dominación simbólica, contribuyendo tanto a establecer como a romper consensos respecto a los problemas (y los no problemas), las decisiones (y las no decisiones), así como la credibilidad de los agentes sociales (Gil Calvo, 2018).   

La desinformación y sus procesos afines se han convertido en un problema público para muchos estados y organismos internacionales que lo consideran un elemento de erosión democrática, de la estabilidad social e, incluso, un riesgo para la salud pública. Por ello, se han establecido programas y agencias específicas para luchar contra estas tres fuentes de desorden informativo (EEAS, 2024; Gobierno de España, 2024; UNICRI, 2022; Comisión Europea, 2019), marcando directrices e impulsando agencias públicas y privadas para detectar, denunciar y refutarlas. Semejante lucha se enfrenta, sin embargo, con un paradójico obstáculo: su contrastado potencial para definir consensos, ya sea construyéndolos o destruyéndolos. Por tanto, es una recurrente herramienta para la comunicación política característica de cualquier forma de democracia electoral y de gobierno asimétrico.De ahí que figuras prominentes de ámbitos diversos, como Dahl (1992), Sagan (1995) o Bourdieu (2003), insistieran a finales del siglo pasado en la necesidad de fomentar el conocimiento esclarecido (Dahl) y el pensamiento científico (Sagan, Bourdieu), conscientes del potencial destructivo que la desinformación, la información errónea y la información maliciosa pueden provocar sobre la democracia y el bienestar social.

Uncovering Truth in a Demon-Haunted World: Carl Sagan’s Message for 2025 I Dang theory

Créditos: Dang Theory (YouTube).

Carl Sagan’s LAST Interview (1996) I Sagan Repository

Créditos: Sagan Repository (YouTube).

Algunas películas y documentales sobre desinformación y posverdad en filmaffinity

Bibliografía/s

  • ABED, S.F., ALLAIN-LOOSA, S. y SHINDO, N. (2024): Understanding disinformation in the context of public health emergencies: the case of COVID-19. Weekly Epidemiological Record, 74(4): 38-48.
  • BARBEITO, R. (2020): «Facing xenophobic populism trough democratic innovation». En G. LA ROCCA, R. DI MARIA y G. FREZZA (Eds.): Media, Migrants and Human Rights. In the Evolution of the European Scenario of Refugees’ and Asylum Seekers’ Instances, pp. 33-61. Bern: Peter Lang,
  • BOURDIEU, P. (2003): El oficio de científico. Barcelona: Anagrama.
  • COMISIÓN EUROPEA (2019): Report on the implementation of the Action Plan Against Disinformation.
  • DAHL, R. (1992): La democracia y sus críticos. Barcelona: Paidos.
  • EEAS (2024): EuvsDisinfo.
  • GALBRAITH, J.K. (2010a): In defense of deficits. The Nation (04/03/2010).
  • GALBRAITH, J.K. (2010b): En defensa del déficit público. Rebelión (07/06/2010), a partir de The Nation (04/03/2010).
  • GIL CALVO, E. (2018): Comunicación política: caja de herramientas. Madrid: Los Libros de la Catarata.
  • GOBIERNO DE ESPAÑA (2024): La lucha contra la desinformación
  • OTTE, M. (2020): El crash de la información: Los mecanismos de la desinformación cotidiana. Barcelona: Ariel.
  • RID, T. (2021):  Desinformación y guerra política: Historia de un siglo de falsificaciones y engaños. Barcelona: Crítica.
  • SAGAN, C. (1995): El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad. Barcelona: Planeta.
  • UNICRI (2022): Handbook to combat CBRN disinformation.