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Deshumanización

La deshumanización implica la reducción de determinadas personas o colectivos a entidades carentes de las cualidades humanas esenciales, las cuales no serían merecedoras de un trato igual de digno que el resto de personas. La deshumanización es un elemento frecuente en los discursos de odio, en los que se califica a las víctimas con términos referentes a animales u otras figuras consideradas inferiores y de menor valor que el ser humano corriente, como podrían ser las máquinas. Es por ello que Haslam (2006) diferencia entre deshumanización animalista y deshumanización mecanicista (Bartolomé, 2024). Identificar de tal manera a dichas personas facilita y normaliza su exclusión de determinados espacios públicos y el comportamiento discriminatorio hacia ellas por parte de quienes participan de la idea de que no son seres humanos completos que debieran gozar de los mismos derechos que los demás.

En ocasiones no se niega directamente la condición humana a las víctimas pero sí que se las considera como personas que se encuentran en una categoría por debajo de la del grupo de referencia, un fenómeno conocido desde la psicología como «pseudoespeciación» (Erikson, 1985) o «infrahumanización» (Haslam y Loughnan, 2014). Según la visión de quienes comparten semejante creencia, existirían seres humanos «de verdad» y otros que no serían más que peores versiones o sucedáneos de los primeros, ya sea por razones raciales, étnicas, religiosas, económicas, de género, de orientación sexual, de discapacidad o de cualquier otro tipo. Por esta razón, los primeros piensan que tienen legitimidad para decidir sobre las condiciones de vida de los segundos y que estos deberían estar a su servicio, proporcionándoles algún tipo de beneficio directo o indirecto. Considérese, por ejemplo, la denigración a la que son sometidas las personas objeto de tráfico de seres humanos con fines de explotación sexual o laboral, como formas modernas de esclavitud (Weitzer, 2015).

Colectivos como los inmigrantes, las personas refugiadas y otras minorías vulnerables han sido destinatarios recurrentes de discursos y tratos deshumanizantes por parte de grupos radicales y/o supremacistas, comportamiento mediante el cual estos grupos refuerzan su propio tribalismo y promueven la segregación social. Esto impacta negativamente en los niveles de tolerancia intersubjetiva: unos y otros incrementan su desconfianza hacia el grupo opuesto y rechazan en mayor medida relacionarse entre ellos, acentuándose el distanciamiento social que experimentan.

Portada de revista alemana durante el nazismo titulada «El subhumano», en referencia a todo aquel que no era de raza aria. Fuente: Biblioteca online de la Universidad McMaster, Canadá.

Deshumanización y contextos políticos polarizados

En contextos de elevada polarización afectiva y de fuerte antagonismo social, no solo grupos radicales practican la deshumanización, sino que entre la propia élite dirigente llegan a producirse actos de deshumanización del adversario político. Estos escenarios han sido calificados como de polarización política tóxica (Moore-Berg, Hameiri y Bruneau, 2020) De este modo, se retroalimentan los niveles de hostilidad entre los diversos actores políticos, existiendo una absoluta falta de respeto mutuo y de empatía de los unos hacia los otros, incluso cuando alguno de ellos es víctima de insultos, ataques o sufre por cualquier motivo (Kteily y Bruneau, 2017). Esta dinámica también se traslada a los votantes con altos niveles de identidad partidista, como se ha demostrado en el caso norteamericano (Cassese, 2021; Martherus, Martinez, Piff y Theodoridis, 2021).

La deshumanización llevada al extremo ha conducido históricamente hacia actos de violencia política e incluso al genocidio, como en el caso de la propaganda nazi contra los judíos durante los años de la Alemania de Hitler (Landry, Orr y Mere, 2022). En ese y en otros casos la deshumanización también ha sido acompañada de la demonización de las víctimas, mostrándolas ante la opinión pública como seres genuinamente malvados. Así, para los agresores resulta más fácil argumentar que las víctimas objeto de la deshumanización merecen recibir algún tipo de castigo por parte del conjunto de la sociedad como mecanismo de defensa frente a ellas.

Matamala y la «deshumanización» de adversarios políticos.

Créditos: CNN Chile.

Es, por tanto, de crucial importancia comprender que esta estrategia política atenta gravemente contra la dignidad inherente a todas las personas. A pesar de que en ocasiones se intente justificar su uso en un contexto de crítica o, incluso, de humor (verbal o gráfico), la deshumanización contribuye inevitablemente a un deterioro de las relaciones interpersonales. Su práctica, a cualquier nivel de intensidad, también debilita el capital social de una población así como su capacidad de afrontar desafíos comunes tales como catástrofes naturales o crisis humanitarias, incentivando la competición entre grupos en lugar de actitudes de cooperación y solidaridad.

Bibliografía/s

  • BARTOLOMÉ, E. (2024): La paradoja de la deshumanización en la tierra de los Derechos Humanos: un estudio sobre el colectivo refugiado y solicitante de asilo en las islas hotspot griegas. Inguruak, Revista Vasca de Sociología y Ciencia Política, 75: 1-9.
  • CASSESE, E.C. (2021): Partisan Dehumanization in American Politics. Political Behavior, 43: 29-50.
  • ERIKSON, E. (1985): Pseudospeciation in the nuclear age. Political Psychology, 6: 213-217.
  • HASLAM, N. (2006): Dehumanization: An Integrative Review. Personality and Social Psychology Review, 10(3): 252-264.
  • HASLAM, N., y LOUGHNAN, S. (2014): Dehumanization and infrahumanization. Annual review of psychology, 65: 399-423.
  • KTEILY, N. y BRUNEAU, E. (2017): Backlash: The Politics and Real-World Consequences of Minority Group Dehumanization. Personality and Social Psychology Bulletin, 43(1): 87-104.
  • LANDRY, A.P., ORR, R. I. y MERE, K. (2022): Dehumanization and mass violence: A study of mental state language in Nazi propaganda (1927–1945). PLoS ONE, 17(11): e0274957.
  • MARTHERUS, J. L., MARTINEZ, A.G., PIFF, P.K. y THEODORIDIS, A.G. (2021): Party animals? Extreme partisan polarization and dehumanization. Political Behavior, 43: 517-540.
  • MOORE-BERG, S.L., HAMEIRI, B. y BRUNEAU, E. (2020): The prime psychological suspects of toxic political polarization. Current Opinion in Behavioral Sciences, 34: 199-204.
  • WEITZER, R. (2015): Human trafficking and contemporary slavery. Annual review of sociology, 41: 223-242.