Son creencias fuertes y culturalmente compartidas sobre si un determinado comportamiento está bien o mal, es moral o inmoral. El término «convicciones morales» nos remite al debate filosófico sobre la moralidad (Kant, 1985) y la actual moralización de la política. La psicología social ha contribuido al debate sobre las convicciones morales definiendo que las actitudes políticas preexisten a las opiniones y las guían, por lo que es necesario investigar no solo las opiniones sino también los sustratos morales y de valores que las guían, es decir, las actitudes políticas y los sistemas de creencias (Converse, 2006). Aunque los cambios en la cultura política suelen producirse a lo largo de generaciones (Inglehart y Welzel, 2009), esto no ocurre en bloques, sino de forma procesal que afecta a unos segmentos en detrimento de otros (Moreno, 2018).
The Psychology of «Moral Conviction» with Dr. Linda Skitka
Convicciones morales en el comportamiento electoral
Las convicciones morales parecían alejarse de la política con el avance de las explicaciones de las teorías sobre la racionalidad, especialmente el comportamiento de los votantes y ciudadanos, como la teoría de la acción racional. Sin embargo, en las últimas dos décadas la moralidad ha vuelto a la agenda política y electoral. Muchos actores políticos han empezado a utilizar elementos de creencias religiosas, de identidades locales y de las identidades de grupo como si fuera la idea más correcta del modelo de sociedad y de la política.
La Biblia del Patriota, Brasil

Es decir, una reacción cultural contra los avances en las agendas de derechos humanos, especialmente la igualdad racial, migratoria, de género y sexual, y contra la globalización. La agenda moral se presenta con fuerza en periodos electorales, especialmente encabezada por el protagonismo de la nueva ola de derecha radical (Norris e Inglehart, 2019; Telles, 2018). Podemos empezar a entender el retorno exacerbado de las convicciones morales a la competición electoral en contextos de corrosión de la confianza en las instituciones representativas, especialmente los partidos políticos (Mair, 2015; Castells, 2018; Silva, 2021). Sin confianza política e institucional, el reencantamiento del mundo con nuevas utopías, ya sean (pseudo)científicas, identitarias o religiosas, y las noticias falsas suman al fortalecimiento de las batallas culturales.
Discurso persuasivo y convicciones morales
En su Tratado de Argumentación, Perelman y Olbrechts-Tyteca (1996) distinguen entre «convencer» y «persuadir», el primero dotado de una argumentación racional y el segundo, de estrategias que incluyen sentimientos, prejuicios, ilusiones y deseos.
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Es aquí, en las estrategias persuasivas, donde las convicciones morales irrumpen con fuerza en la política institucional, en los partidos políticos y especialmente en las campañas electorales (dentro o fuera de los periodos ordinarios).
Las convicciones morales, las religiosas, la identidad de un pueblo o un grupo, las tradiciones, el nacionalismo o cualquier otro elemento del sistema de creencias pueden activarse de forma persuasiva con ilusiones y deseos, odio, ira, miedo, transformando un mero discurso persuasivo en el despertar de una convicción moral. Aunque esta convicción moral no guíe la práctica vital del individuo, se traslada a actitudes políticas que orientan opiniones, percepciones del mundo y su comportamiento electoral en forma de polarización temática, polarización afectiva e incluso de tribalismo.