Conflicto significa lucha, clivaje, enfrentamiento, disputa o choque. Cuando se aplica a la política, conflicto es un término que describe una situación en la cual individuos, grupos o entidades organizadas dentro de un sistema político divergen significativamente en cuanto a intereses, valores, objetivos o recursos, y buscan resolver sus diferencias a través de métodos políticos, métodos que involucran competencia, negociación, protesta o confrontación. El conflicto político puede ocurrir en diferentes niveles, desde cuestiones locales hasta globales, y puede involucrar a una amplia gama de actores incluyendo ciudadanos, partidos, gobiernos, organizaciones internacionales y movimientos sociales.
Podcast Democracy Works
A conflict at the heart of our political disagreements
John Iceland and Eric Silver
Carl Schmitt (1888-1985), filósofo y jurista alemán, considera que es en la gestión de las enemistades y amistades donde se sitúa la política. En su obra El concepto de lo político (1936), el autor discute la relación «amigo-enemigo», destacando la naturaleza esencialmente conflictiva de la política, en la que los actores políticos se definen por las relaciones de oposición que mantienen con otros actores. De hecho, Schmitt interpreta la política como una arena donde los grupos compiten por poder y recursos, y donde la identificación del enemigo es crucial para definir la propia identidad y unidad del grupo político. Si la ética se sitúa en la variación entre el bien y el mal, el termómetro de la política se sitúa en la variación entre amigo y enemigo. De este modo, la política es interpretada, metafóricamente, como una arena caracterizada por la hostilidad inherente entre grupos que poseen intereses conflictivos y que están dispuestos a utilizar todos los medios disponibles para alcanzar sus propósitos. Esta hostilidad es fundamental para la existencia de la política, pues define los límites de la acción política legítima y justifica el uso de la violencia en ciertas circunstancias. Corresponde, pues, al soberano, identificar al enemigo, ya que es el soberano quien detenta la autoridad política suprema. El soberano es responsable de decidir quién es el enemigo y de tomar medidas para proteger a la comunidad política contra amenazas externas e internas.
En la Teoría Política, otro aporte fundamental para entender la naturaleza del conflicto político se realiza a través de las tesis populistas de Ernesto Laclau. El autor desarrolló una teoría del populismo y de la política agonística, argumentando que el conflicto político es inherente a la pluralidad de identidades y demandas en la sociedad contemporánea, y que la política efectiva requiere el reconocimiento y la articulación de posiciones y demandas heterogéneas. En la obra La Razón Populista (2005), Laclau cuestiona la idea de que el consenso es el objetivo final de la política y, por lo tanto, argumenta que la base de la política es su naturaleza agonística. Laclau sugiere que es a través del conflicto que las identidades políticas son articuladas y consolidadas, pues en la arena política diferentes grupos luchan por hegemonía y aquiescencia, buscando imponer su visión del mundo y sus intereses. Laclau argumenta que los actores políticos, partidos, movimientos sociales y líderes se involucran en prácticas discursivas para construir y articular identidades políticas distintas y demandas sociales heterogéneas. Tal mecánica discursiva, propia del populismo, parte de la lógica «nosotros» versus «ellos», siendo «ellos» retratados como el adversario político del pueblo, generalmente connotado como la élite.
En línea con Laclau, la pensadora política Chantal Mouffe desarrolla su teoría de la democracia afirmando el antagonismo y el conflicto como categorías centrales y esenciales de lo político, enfatizando así la importancia del disenso como elemento fundamental de la democracia. La democracia agonística de Chantal Mouffe destaca la importancia del conflicto político, la diversidad de voces y la construcción de espacios democráticos para el debate y confrontación de ideas. Es un enfoque que reconoce la inevitabilidad del conflicto, pero busca canalizarlo de manera constructiva para fortalecer la democracia. Mouffe nos lleva en sus obras a reflexionar sobre lo que sería un modelo agonístico de democracia radical, en el que el pluralismo político, la ciudadanía y el disenso establecen los elementos esenciales para la constitución de esta sociedad. La autora belga argumenta que el conflicto no es algo que deba ser eliminado de la democracia, sino un elemento que debe ser reconocido y gestionado de manera constructiva.
Democratic Politics and Agonistic Public Spaces
En la democracia agonística, el conflicto se ve como parte integral del proceso político, y no como algo negativo que necesita ser suprimido. Mouffe destaca la importancia de garantizar que diferentes grupos y comunidades tengan voz y participación en el proceso político. Esto implica aceptar que no existe una única visión correcta o universal de la política, sino una variedad de interpretaciones legítimas. En lugar de buscar un consenso total y permanente, el objetivo es alcanzar un equilibrio dinámico entre diferentes fuerzas políticas y sociales, reconociendo que el conflicto es inherente a la vida democrática.