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Comportamiento político

El comportamiento político describe las diversas formas en que los individuos se involucran y se relacionan con el sistema político. Este concepto no solo se centra en el acto de decidir el voto o abstenerse en un proceso electoral, sino también en cómo los individuos se informan, construyen sus opiniones y toman decisiones políticas (Lazarsfeld, Berelson y Gaudet, 1944).

En términos de metodología, el estudio del comportamiento electoral ha evolucionado significativamente desde sus inicios. Inicialmente dominado por análisis agregados, que frecuentemente caían en lo que Robinson (1950) denominó la «falacia ecológica» –asumiendo erróneamente que los patrones a nivel de grupos se replican a nivel individual– la disciplina ha avanzado hacia enfoques más sofisticados, incorporando técnicas cuantitativas y cualitativas para entender mejor la relación entre el individuo y el comportamiento político. Esta evolución metodológica ha permitido una comprensión más rica y detallada de las motivaciones y los comportamientos de los electores.

El estudio de los condicionantes del comportamiento electoral ha evolucionado significativamente desde los años 40 del siglo XX hasta nuestros días. Este desarrollo puede dividirse en tres etapas o enfoques principales, los cuales, lejos de aportar explicaciones mutuamente excluyentes, se complementan entre sí para formar un modelo multifactorial complejo. En primer lugar, se encuentra una fase dominada por el enfoque sociológico; en segundo lugar, una etapa caracterizada por las contribuciones de la psicología política; y, en tercer lugar, un enfoque fundamentado en la teoría racional. Las dos primeras etapas se configuran por factores de medio y largo plazo, mientras que la tercera se distingue por su énfasis en factores de corto plazo y de carácter contextual.

Desde una perspectiva sociológica, el comportamiento político se examina a través de las lentes de la estructura social y los clivajes o fracturas que atraviesan las sociedades, tales como las diferencias de clase, religión y origen étnico, que influyen en las preferencias y decisiones electorales (Lipset y Rokkan, 1967). La sociología electoral destaca cómo los contextos sociodemográficos y culturales afectan al comportamiento político, contribuyendo a patrones distintivos de participación y de voto.

En contraste, el enfoque psicológico destaca la importancia de la identificación partidista y las actitudes políticas individuales en la formación del comportamiento electoral. Se enfoca en cómo los procesos de socialización y las orientaciones psicológicas, tales como la afinidad hacia un partido o la ideología, orientan la conducta política de los individuos, según lo explica Campbell (1960). Este enfoque subraya la importancia de los esquemas cognitivos y las estructuras mentales, que permiten a las personas interpretar su entorno y los eventos políticos. Según esta perspectiva, los individuos tienden a buscar información que sea coherente con sus predisposiciones políticas (Festinger, 1957), lo que puede resultar en una menor sofisticación política y un interés restringido por los asuntos públicos (Converse, 1964).

El tercer enfoque se basa en las teorías económicas de la democracia, que subrayan la capacidad del votante para determinar sus preferencias en función de las ganancias marginales que ofrecen las distintas ofertas políticas. Aspectos coyunturales como la evaluación de la situación política y económica, el desempeño del gobierno y la oposición, así como el liderazgo, se consideran factores determinantes del voto para este enfoque.

Modelo completo del comportamiento político y electoral

Fuente: Adaptación del autor a partir de Anduiza, E., y Bosch, A. (2019).
Comportamiento político y electoral. Ariel. p. 262.

Comportamiento político en contextos polarizados

En contextos de creciente polarización, el comportamiento electoral se transforma y desafía las interpretaciones tradicionales de las distintas corrientes analíticas. Así, desde la perspectiva sociológica, la polarización exacerba las divisiones sociales, como la clase, religión y etnia, incrementando su influencia en las preferencias electorales. Estos clivajes, fundamentales en la estructuración histórica de las sociedades y sus sistemas políticos, se intensifican en contextos polarizados, alineando más estrechamente a los individuos con los partidos que articulan dichas identidades e intereses (Lipset y Rokkan, 1967).

Impacto de la polarización

Créditos: CNN Chile. Entrevista a Michael Sandel, filósofo político y académico de la Universidad Harvard (YouTube).

Desde una perspectiva psicológica, la polarización refuerza la identificación con el grupo y aumenta la hostilidad hacia el grupo contrario (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012), lo que lleva a un comportamiento electoral menos influenciado por factores contextuales.

Desde la óptica racional, sin embargo, la polarización recalibra las decisiones electorales hacia una lógica de policy over party, donde la animadversión aumenta según el principio de congruencia ideológica entre el individuo y los grupos políticos evaluados. Según esta perspectiva, los juicios y acciones políticas se basan en una combinación de preferencias específicas y una visión general de cómo debería organizarse la sociedad.

La polarización política y la polarización afectiva influyen de manera significativa en el comportamiento políticoy electoral, aumentando la lealtad y cohesión interna de los grupos políticos y exacerbando simultáneamente la distancia y hostilidad hacia el exogrupo (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012; Mason, 2016). En este contexto, estudios recientes apuntan a la identificación ideológica como catalizador del disenso temático y del alejamiento social (Rogowski y Sutherland, 2016). Adicionalmente, se abordan interpretaciones que emergen de la Teoría de la Identidad Social, donde la identificación partidista forja percepciones distorsionadas que amplifican las diferencias entre colectivos (Yudkin, Hawkins, y Dixon, 2019). Asimismo, diferentes estudios destacan el impacto de factores contextuales, especialmente el rol de las élites y los medios de comunicación, en la intensificación de la enemistad intergrupal (Gervais, 2019).

En conclusión, para abordar de manera completa el comportamiento político y electoral actual, es indispensable integrar tanto los conocimientos provistos por las escuelas tradicionales como los avances derivados del estudio de la polarización política y emocional. Esta última afecta de manera considerable la manera en que los individuos procesan la información, establecen su identificación partidista y realizan sus elecciones electorales dentro de un marco de competición política cada vez más complejo y polarizado.

Bibliografía/s

  • CAMPBELL, A. (1960): The American voter. Nueva York: Wiley.
  • CONVERSE, P.E. (1964): «The nature of belief systems in mass publics». En D.E. APTER (Ed.): Ideology and discontent. Nueva York: Free Press.
  • GERVAIS, B.T. (2019): Rousing the partisan combatant: Elite incivility, anger, and antideliberative attitudes. Political Psychology, 40(3): 637-655.
  • IYENGAR, S., SOOD, G. y LELKES, Y. (2012): Affect not ideology: A social identity perspective on polarization. Public Opinion Quarterly, 76(3): 405-431.
  • LAZARSFELD, P.F., BERELSON, B. y GAUDET, H. (1944): The people’s choice. Nueva York: Columbia University Press.
  • LIPSET, S.M. y ROKKAN, S. (1967): Party systems and voter alignments: Cross-national perspectives. Nueva York: Free Press.
  • MASON, L. (2016): A cross-cutting calm: How social sorting drives affective polarization. Public Opinion Quarterly, 80(1): 351-377.
  • ROBINSON, W.S. (1950): Ecological regressions and behavior of individuals. American Sociological Review, 3: 351-357.
  • ROGOWSKI, J. y SUTHERLAND, J. (2016): How ideology fuels affective polarization. Political Behavior, 38(2): 485-508.
  • YUDKIN, D., HAWKINS, S. y DIXON, T. (2019): The perception gap: How false impressions are pulling Americans apart.