El comportamiento discriminatorio se define como una conducta de desprecio hacia una persona o grupo, sobre la base de un prejuicio, estigma o estereotipo negativo relacionado con una desventaja, y que tiene como consecuencia (intencionada o no) la merma de sus derechos (Link y Phelan, 2001). Afecta a toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico, sexo, edad, discapacidad, condición social económica o de salud, lengua, religión, opiniones, identidad de género, estado civil o cualquier otra, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas (Dovidio, y Gaertner,1986).
Autores como Simpson y Yinger (1965), entienden la discriminación como la manifestación externa del prejuicio. Otros, acentúan la importancia de la discriminación afirmando que el prejuicio sólo es relevante cuando desemboca en discriminación (Wunthnow, 1982: 137-187).
Pero no todo acto de diferenciar en sí mismo constituye un acto discriminatorio. Éste sólo se produce cuando la distinción afecta al reconocimiento de los derechos y la igualdad de oportunidades para ejercerlos.
A pesar de los esfuerzos institucionales por reducir tales conductas, el comportamiento discriminatorio no siempre ha sido considerado como problema social. Tiene una historia compleja y variada, influida por cambios culturales, legales y éticos a lo largo del tiempo. La evolución de la percepción y el tratamiento del comportamiento discriminatorio puede rastrearse a través de diferentes etapas y contextos históricos que son un testimonio de la lucha entre las normas culturales establecidas y los ideales emergentes de igualdad y justicia.
Documento
Marco modelo para una estrategia de integración intercultural a escala nacional. Estrategias de integración intercultural: gestionar la diversidad como una oportunidad
Comité Director sobre la Lucha contra la Discriminación, la Diversidad y la Inclusión (CDADI), del Consejo de Europa.
En la Antigüedad y Edad Media la discriminación a menudo estaba institucionalizada y era aceptada como la norma. La discriminación basada en la clase social, la etnicidad y el género estaba profundamente arraigada en las estructuras sociales y legales.
Con la llegada de la Ilustración en Europa, empezaron a surgir ideas que cuestionaban las jerarquías establecidas y proponían principios de igualdad y derechos humanos.
La Revolución Francesa promovió esos ideales, aunque tardaron tiempo en traducirse en cambios reales respecto a la discriminación.
Durante los siglos XIX y XX el concepto de derechos civiles comenzó a tomar forma más concreta, especialmente en Estados Unidos y Europa. La abolición de la esclavitud en el siglo XIX, el sufragio femenino a principios del siglo XX y el desmantelamiento de las leyes de segregación racial y el apartheid son ejemplos de luchas contra la discriminación institucionalizada. Se intensifica la investigación de las actitudes discriminatorias unida al estudio de prejuicio racial (Duckitt, 2001).
La Segunda Guerra Mundial fue un punto de inflexión, especialmente con el Holocausto y otros actos de genocidio, que pusieron de relieve las consecuencias extremas de la discriminación institucionalizada y racial, lo que llevó a reforzar la lucha global contra la discriminación. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 fue un paso crucial hacia la codificación internacional de tales derechos.
Conoce más sobre la Declaración Universal de los Derechos Humanos
La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento que marca un hito en la historia de los derechos humanos. Elaborada por representantes de todas las regiones del mundo con diferentes antecedentes jurídicos y culturales. Fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948.
En las últimas décadas, la lucha contra el comportamiento discriminatorio ha incluido no solo la oposición a las formas obvias de discriminación, sino también el reconocimiento y la confrontación de formas más sutiles y sistémicas de discriminación, como el racismo, el sexismo, la homofobia y la transfobia. La actual legislación de muchos países ha incorporado medidas contra la discriminación en áreas tales como el empleo, la educación o el acceso a servicios.
Los movimientos sociales han jugado un papel crucial en la definición y confrontación del comportamiento discriminatorio. Movimientos como los derechos civiles en Estados Unidos, el feminismo, y el colectivo LGBTQ+, han sido fundamentales para promover un cambio social y legislativo. No obstante, aunque se han logrado avances significativos, la discriminación situada en el marco de RELACIONES INTERGRUPALES, sigue siendo un problema persistente que requiere vigilancia y activismo continuo (Goosby, Cheadle y Mitchell, 2018).
Artículo
Stress-Related Biosocial Mechanisms of Discrimination and African American Health Inequities
Bridget J. Goosby, Jacob E. Cheadle y Colter Mitchell
Publicado en Annual Review of Sociology Volume 44, pp. 319-340 (2018)
La discriminación parte del supuesto de que algo es mejor que otra cosa, y se presenta de muy distintas maneras, ámbitos y niveles diferentes. Las causas más frecuentes de comportamientos discriminatorios son: el sexo, la identidad o expresión de género, la pertenencia étnica, la religión u otra creencia, la discapacidad y la edad.
Así pues, se catalogan seis tipos de discriminación:
- Indirecta: disposición, criterio o práctica que ocasiona una desventaja.
- Directa: tratamiento desigual y desfavorable en situaciones análogas a personas o colectivos.
- Instrucción de discriminar: indicaciones políticas que instruyen en procedimientos desiguales e injustos.
- Accesibilidad deficiente: falta de adecuación de un entorno, servicio, producto o recurso para que todas las personas, especialmente aquellas con discapacidades, puedan utilizarlo de manera efectiva, segura y autónoma.
- Hostigamiento: acción o comportamiento sistemático y repetitivo que tiene como objetivo intimidar, amenazar, molestar o perturbar.
- Acoso sexual: conducta inapropiada y no deseada de naturaleza sexual que puede incluir comentarios, proposiciones, gestos, contacto físico no consensual, o presión para realizar actos sexuales.
Un tema emergente en la actualidad es la ciber discriminación, también conocida como ciberacoso o ciberbullying, que se refiere al uso de la tecnología, especialmente internet y las redes sociales, para acosar, intimidar, humillar o discriminar a otras personas. Puede incluir mensajes ofensivos y de odio, rumores, publicar contenido embarazoso o manipular imágenes con la intención de ocasionar daño. La ciber discriminación puede tener graves consecuencias emocionales y psicológicas para las víctimas, y es un problema creciente en el mundo digital de hoy (Turkle, 2006).
Artículo
El ciberacoso y sus consecuencias para los derechos humanos
Liam Hackett
Publicado en Crónica ONU, 30 junio 2017
Sufrir comportamientos discriminatorios puede afectar a áreas vitales de la persona y tener consecuencias a nivel psicológico con síntomas de ansiedad, tristeza, depresión, autoodio, soledad, culpa, vergüenza, rechazo al propio grupo, y aislamiento social (Al Ramiah, Hewstone, Dovidio, y Penner, 2010).
Uno de los aspectos al que más afecta la discriminación es al sentimiento de pertenencia, entendido como aquella actitud consciente de satisfacción y orgullo por ser integrantes de un grupo (endogrupo).
Los comportamientos discriminatorios pueden ser causa de profundas divisiones sociales, y conflictos significativos. En este sentido, enlaza con el concepto de polarización social, en tanto que puede llevar a la fragmentación de la sociedad, impidiendo el diálogo y la colaboración entre grupos, especialmente cuando las identidades de grupo son prominentes y se perciben como incompatibles con otras.
Las consecuencias de la discriminación pueden heredarse de generación en generación. Si los progenitores han sufrido una discriminación y han aprendido a desarrollar conductas de sumisión, para adaptarse o ser aceptados, tratarán de transmitir esas mismas maneras a sus hijos.
Otra reacción diferente a la sumisión es la violencia política: personas que desde la discriminación padecida convierten su agresividad natural en violencia física.
También existen factores que reducen la discriminación (legislación y políticas anti-discriminatorias, conciencia y formación sobre prejuicios, medios de comunicación y publicidad responsable, entre otros). En muchas de las sociedades actuales se consideran negativas las conductas discriminatorias. Sin embargo, se detecta una dicotomía entre el mantenimiento de actitudes prejuiciosas y el rechazo explícito a la expresión de estas. Aparecen formas veladas de segregación, que permiten mantener los afectos y sentimientos negativos hacia los miembros del exogrupo, y no manifestarlos abiertamente por la presión y deseabilidad social. Posiciones contradictorias que consisten en alternar respuestas positivas con respuestas negativas dependiendo de la estructura normativa de la situación y de la posibilidad de justificar de manera no discriminatoria una conducta que sí lo es.
Artículo
Inmigración y prejuicio: actitudes de una muestra de adolescentes almerienses.
M. C. García, M. S. Navas, I. Cuadrado y F. Molero
Publicado en Acción Psicológica, 2 (2), pp. 137-147. (2003)