En el campo de las emociones políticas, la ansiedad constituye un tipo de reacción negativa experimentada ante una situación de amenaza que potencialmente puede afectar al bienestar individual (Clifford y Jerit, 2018). Quienes sufren esta emoción suelen describir una conducta de hipervigilancia y sentir una gran preocupación por los acontecimientos de la actualidad política (Caporino, Exley y Latzman, 2020). El estado de alerta al que induce la ansiedad se vincula, singularmente, con contextos de incertidumbre, dificultad o conflicto y proyecciones de estados futuros (tendencias anticipatorias).
Artículo
5 ways to manage politically induced stress
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La Teoría de la Inteligencia Afectiva se ha ocupado del papel de la ansiedad en relación con los dispositivos de aprendizaje-procesamiento del sistema de vigilancia. Este sistema analiza el entorno y, cuando detecta un estímulo inesperado que rompe las expectativas de calma, desarrolla una sensación de ansiedad que lleva a focalizar la atención hacia ese elemento disruptivo (Marcus, Neuman y Mackuen, 2000). La ansiedad afecta a la toma de decisiones: promueve una mayor búsqueda de información y aumenta la aversión al riesgo, lo que puede incentivar tanto comportamientos conservadores (apostar por lo conocido) como actitudes pasivas de evasión que disminuyan la participación política (Wagner y Morisi, 2019; Renström y Back, 2021). No obstante, recientes investigaciones (Romanova y Hutchens, 2023) han evidenciado la capacidad de esta emoción para promover el compromiso político e impuslar la decisión de votar, lo que abre un debate sobre sus verdaderos efectos no tanto en términos de la atención prestada al entorno o de la propensión a informarse, donde parece haber consenso, sino en lo referente al Comportamiento político.
Election anxiety is gripping the nation
A propósito, si se centra en el campo del comportamiento y de las actitudes políticas, la ansiedad rompe los hábitos y predisposiciones ancladas, reduce el efecto de las identidades partidistas y aumenta el interés por tener la mayor información posible sobre las implicaciones de las propuestas planteadas por los candidatos (Marcus et al., 2000). Por tanto, fomenta un elector más consciente y sofisiticado. Al contrario que otras emociones negativas como la ira, la ansiedad puede tener consecuencias positivas para el sistema democrático al construir una ciudadanía más responsable y activa, que toma decisiones más informadas. Como la ansiedad estimula el procesamiento cognitivo no sesgado, disminuye la polarización afectiva, la división partidista y los estereotipos sobre el exogrupo, incluso ante un escenario de amenaza al endogrupo, algo que no sucede cuando se siente ira (Webster, 2020; Renström, Bäck y Carroll, 2023).
Además de las consecuencias generales de la ansiedad sobre los procesos cognitivos y la toma de decisiones, algunos autores han vinculado directamente esta emoción con el crecimiento de la derecha radical populista y su discurso de reacción contra algunas amenazas propias de la globalización (Müller, Bahnsen y Alpers, 2022). En un momento de importantes transiciones y cambios sociales –desde el ámbito digital al ecológico–, además de desórdenes geopolíticos y retos biosanitarios o de seguridad que impulsan una sociedad presidida por el riesgo (en términos de Beck), la ansiedad ha empezado a cobrar un gran protagonismo en el estado de ánimo colectivo de las democracias occidentales.
Todos los elementos de incertidumbre que rodean la vida de los individuos pueden provocar estrés y pesimismo y generar un consumo excesivo y casi obsesivo de información que retroalimente las malas sensaciones. Aunque estar al tanto de lo que sucede en el entorno produce personas más críticas y permite que las decisiones estén fundamentadas, un exceso de alerta puede afectar negativamente a la salud mental de los individuos.
Un ejemplo del efecto de ciertos retos sociales sobre las emociones políticas es el fenómeno de la eco-ansiedad. El horizonte de colapso medioambiental y la aparente inacción de buena parte de los gobiernos está llevando a algunos individuos, generalmente jóvenes, a desarrollar una respuesta emocional de inquietud crónica precedida por sentimientos de enfado y frustración, que puede despertar impactos somáticos y psíquicos convirtiéndose en un tipo de trastorno (Pihkala, 2021).
Election anxiety is gripping the nation
Por último, conviene establecer una diferenciación conceptual entre ansiedad y miedo, pues ambas emociones están profundamente relacionadas al formar parte del sistema de vigilancia referido por Marcus et al. (2000) y tener valencia negativa, pero no representan exactamente el mismo tipo de reacción (Renström, Bäck y Carroll, 2023). Mientras que el miedo sucede como respuesta rápida a una amenaza concreta e inminente, la ansiedad aparece al pensar en una amenaza ambigua y, por el momento, no materializada (Sylvers, Lilienfeld y LaPrairie, 2011). La ansiedad como estado de alerta continuo se basa en un exceso de preocupación sobre el porvenir, en consecuencia, no puede traer cuenta de un riesgo cierto y directo.