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Amor

Cualquiera que sea su expresión morfológica en las distintas lenguas, consiste en un concepto universal que denota una emoción o un sentimiento afectivo de armonía hacia otros seres a través de los cuales se completa la propia individualidad, impeliendo la búsqueda, preocupación y cuidado del otro. La atracción (física o mental) que se siente hacia otra persona, que mueve a desear su compañía suscitando alegría, esperanza y fuerza en la propia acción, es asimismo una acepción asociada habitualmente con el concepto de amor.

Como hecho y noción universal, pero dejando de lado su significación erótica, el amor es considerado una emoción secundaria, pues, a diferencia de las emociones primarias, como el miedo o el enfado, el amor no sería biológicamente innato, sino resultado de la interacción social y la cultura, igual que la vergüenza o el orgullo (Bericat, 2016).

Juzgado como virtud moral y estrechamente emparentado con otras emociones, sentimientos o actitudes (p.ej., la simpatía, la compasión, la bondad, el altruismo o la esperanza), el amor es valorado y exhortado por las grandes religiones, aunque conceptualizado de maneras diversas. Así las religiones abrahámicas monoteístas, que prescriben amar al prójimo como a uno mismo y a Dios sobre todas las cosas, pero también el hinduismo politeísta, que postula el amor como renuncia al egoísmo y como manifestación del amor divino. Las grandes religiones no teístas subrayan asimismo la centralidad moral del amor. El budismo predica un amor altruista puro, esto es, del todo desinteresado, y el confucianismo enaltece el amor como compañía armoniosa.

Asociado al bien, a la belleza, a la bondad o al conocimiento (y contrapuesto, en cambio, al mal, la fealdad, el egoísmo o la ignorancia), el amor también es un motivo prominente de relatos y mitologías en muy diversas culturas, incluyendo sus libros sagrados. También lo es de la filosofía y del arte universal. De ahí que también sea uno de los recursos narrativos habituales de la construcción de relatos en el ámbito de la comunicación política (Salmon, 2008).

En el análisis de las emociones, el odio es considerado antitético al amor. Sin embargo, en el análisis político, el amor suele contraponerse, más bien, al miedo, al enfado, a la envidia y a la vergüenza (Bericat, 2016). Estas últimas emociones son precisamente las que, a juicio de Nussbaum (2013), alimentan el odio entre grupos sociales y políticos, dificultando con ello la constitución de una ciudadanía compasiva y amorosa, así como entorpeciendo las posibilidades de establecer una sociedad cohesionada, pacífica y constructiva.

Maquiavelo (2010), en el capítulo XVII de El Príncipe (obra fundacional de la ciencia política, centrada en cómo acceder y asegurar el ejercicio del poder autocrático), se detiene en el uso que el soberano debe hacer tanto del temor como del amor. Concluye que ambos son instrumentos necesarios del poder, pero deben ser manejados de manera virtuosa, mediante un adecuado equilibrio. El amor (la clemencia, el cuidado) es particularmente útil cuando se trata de asegurar el apoyo de los súbditos a largo plazo (resumido en términos weberianos: el amor confiere legitimidad).

Nicolás Maquiavelo – El Príncipe (Audiolibro completo en español).

Créditos: Ama Audiolibros (YouTube).

Maquiavelo (II): Su teoría de acción política.

Créditos: La March I Fundación Juan March (YouTube).

El Príncipe por Nicolás Maquiavelo

Créditos: Resumen Animado I LibrosAnimados (YouTube).

Gil Calvo (2018) observa que similar contraposición entre temor y amor es la que justifica todavía hoy distinciones analíticas notorias de la ciencia política, como la que distingue entre poder duro y poder blando, expuesta por Nye (2004), cuyo metafórico correlato en el ámbito doméstico lo representa el contraste entre el padre estricto y el padre tolerante expuesto por Lakoff (2007). Gil Calvo sostiene, de hecho, que el ejercicio del poder (y, por tanto, la comunicación política de la que este se sirve) está orientado por la utilización de esas dos fuerzas emocionales, dando lugar, por un lado, a la política del temor (hacerse respetar, o temer) y la política del amor (hacerse querer). Ambas son aplicadas indistintamente tanto por los poderes establecidos como por los contrapoderes. Pero, mientras que la política del temor se expresa a través de actos de fuerza y actos de habla, la política del amor se canaliza mediante actos de exhibición y actos de protección cuyo efecto combinado confiere autoridad legítima a quien lo ejerce.  

Con un enfoque normativo, pensado a modo de basamento para una sociedad aspiracional de raíz liberal, Nussbaum (2013) propone el cultivo político de las emociones, de tal modo que se erijan en elementos de motivación y de apoyo para las instituciones democráticas y para contribuir a configurar identidades colectivas amplias, inclusivas y redistributivas. En particular, Nussbaum insta a cultivar el amor y la compasión como emociones políticas supremas, pero no solo respecto a los conciudadanos, sino también hacia los congéneres y, más específicamente, hacia las instituciones de la democracia liberal (incluyendo por tales las nociones amplias de nación y de género humano). Semejante cultivo requeriría, a su entender, idear símbolos, rituales, narraciones y performances congruentes con ese expreso propósito. De este modo, el amor y la compasión se comportan como factores de cohesión social y política, a modo de antídotos contra la división, la polarización y el odio y las batallas culturales que conllevan las políticas de identidad excluyentes que emplean emociones opuestas, como el miedo, la envidia o la vergüenza.

Why Love Matters for Justice: Martha Nussbaum’s Political Emotions // Workshop Session 3

Créditos: I UCL Laws (YouTube).

Aplicado al análisis de los mensajes políticos, y confrontando las estrategias exhibidas por los dos grandes partidos populistas españoles (Vox y Podemos) a finales de la segunda década de este siglo a través de diversas redes sociales digitales, Barbeito e Iglesias (2021) observaron que Podemos apelaba con mayor énfasis al amor y la esperanza en un nuevo futuro mejor en el que cupiesen las minorías, mientras que Vox invocaba con mayor ahínco el miedo y una mirada a un pasado glorioso que debía llenar de orgullo a los auténticos españoles y que, por tanto, debía ser recuperado frente a las innovaciones de ciertos grupos minoritarios.                   

Artículo

Political emotions and digital political mobilization in the new populist parties: the cases of Podemos and Vox in Spain

R. Barbeito Iglesias y Á. Iglesias Alonso

Publicado en International Review of Sociology, 31(2), pp. 246–267. (2021)

Bibliografía/s

  • BARBEITO, R. e IGLESIAS, Á. (2021): Political emotions and digital political mobilization in the new populist parties: the cases of Podemos and Vox in Spain. International Review of Sociology -Revue Internationale de Sociologie, 31(1): 246-267.
  • BERICAT, E. (2016): The sociology of emotions: Four decades of progress. Current Sociology, 64(3): 491-513.
  • GIL CALVO, E. (2018): Comunicación política: caja de herramientas. Madrid: Catarata.
  • LAKOFF, G. (2007): No pienses en un elefante: lenguaje y debate político. Madrid: Complutense.
  • MAQUIAVELO (2010): El príncipe. Madrid: Alianza Editorial.
  • NUSSBAUM, M. (2013): Political Emotions. Cambridge: The Belknap Press of Havard University Press.
  • NYE, J. (2004): Soft Power: The Means to Success in World Politics. New York: Public Affairs.
  • SALMON, C. (2008): Storytelling: la fábrica de fabricar historias y formatear las mentes. Barcelona: Península.