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Ambivalencia partidista

La ambivalencia partidista se puede entender como tener simultáneamente sentimientos positivos y negativos sobre un único objeto político, como tener actitudes políticas inconsistentes o divididas entre dos objetos, o como sentirse atraído simultáneamente por dos candidatos opuestos en unas elecciones. A pesar de las diferencias en la conceptualización exacta del término, todas las definiciones de los estudios sobre el tema comparten una característica común: en su esencia, la ambivalencia es el conflicto internalizado de las personas en el ámbito político, que surge de evaluaciones competitivas (Cakir, 2022).

Artículo

Of two minds, but one heart: A good «gut» feeling moderates the effect of ambivalence on attitude formation and turnout.

E. Groenendyk

Publicado en American Journal of Political Science, 63(2), pp. 368–384. (2019)

La identidad partidista es uno de los principales factores de las preferencias electorales. El partidismo sirve como un poderoso dispositivo para simplificar la tarea del juicio político porque les permite a los ciudadanos tomar decisiones razonables sin tener que buscar información detallada (Lavine, Johnston y Steenbergen, 2012). A pesar de este atajo informativo, muchos ciudadanos experimentan un conflicto internalizado hacia las etiquetas de sus partidos políticos debido a la disyunción entre su identificación a largo plazo con ese partido político y sus evaluaciones a corto plazo de las capacidades de ese partido para gobernar y entregar beneficios al público. Ya sea una evaluación negativa del propio partido, una evaluación positiva del otro partido, o ambas, el resultado es que la identidad y la evaluación no apuntan en la misma dirección. Lavine et al. (2012) se refieren a esta división como ambivalencia partidista, y a las personas que la experimentan como partidistas ambivalentes. Por lo tanto, un votante ambivalente está emocionalmente involucrado en al menos dos opciones y tiene que conciliar sus preferencias fuertes pero conflictivas (Cakir, 2022). Los partidistas ambivalentes dependen menos del partido y más de intereses materiales y valores políticos centrales para formar preferencias sobre cuestiones de política pública (Lavine et al., 2012).

En consecuencia, un votante univalente experimenta una tendencia al sesgo partidista y persistirá en elegir opciones de políticas respaldadas por su partido político, incluso cuando tiene información de que alternativas políticas son mucho más cercanas a sus valores. Lavine et al. (2012) también argumentan que el partidista univalente demuestra muy poco aprendizaje o actualización de actitudes durante los debates y campañas políticas, por lo que las evaluaciones contemporáneas de los partidos son en gran medida un reflejo de la identidad partidista y su lealtad al partido. Por lo tanto, según ellos, el «buen ciudadano» es el ciudadano ambivalente y la «buena ciudadanía» requiere lealtad crítica.

Craig, Cossette y Martínez (2020) ponen a prueba la teoría de que la ambivalencia aumenta la probabilidad de que los votantes adopten un pensamiento «deliberativo» (o «esforzado») en lugar de «heurístico» al responder a las opciones que se les presentan en las campañas políticas. Entre otras, han puesto a prueba la hipótesis de que la ambivalencia moderará la efectividad de los ataques negativos (específicamente, los ataques al candidato del propio partido) que son una característica definitoria de las campañas modernas en los Estados Unidos hoy. Su expectativa era que los individuos que tenían sentimientos encontrados acerca de su partido fueran más receptivos que otros a los ataques dirigidos contra compañeros partidistas. Sin embargo, el análisis prácticamente no proporcionó ningún apoyo a esta hipótesis. Encontraron poca evidencia que sugiera que la ambivalencia socava «la confianza crítica que los ciudadanos típicamente derivan de señales partidistas» y los alienta a considerar información con valencia negativa que de otro modo estarían inclinados a rechazar, distorsionar o ignorar. En conclusión, encuentran poca evidencia de que la ambivalencia partidista promueva una respuesta deliberativa a los anuncios de una campaña negativa.

A diferencia de la ambivalencia, la indiferencia partidista se describe como una falta de actitud o simplemente falta de preferencia. La indiferencia partidista no conduce a un conflicto interno porque un ciudadano indiferente es apolítico, no tiene conexión afectiva con un partido y simplemente carece de motivación para votar (Yoo, 2010).           

Explicaciones a la ambivalencia partidista

Algunos estudios anteriores vincularon las fuentes de la ambivalencia con la competitividad de las elecciones (Keele y Wolak, 2008). Rudolph (2011) argumenta que el razonamiento partidista contribuye a la disminución de la ambivalencia con el tiempo, mientras que la exposición a información heterogénea aumenta la ambivalencia. Es menos probable que la ambivalencia disminuya entre las personas que están expuestas a información transversal, las personas políticamente sofisticadas con vínculos partidistas débiles y, durante la fase de elección general de la campaña, aquellos que viven en áreas homogéneas con poca competencia política.

Artículo

Contextual Sources of Ambilance

Luke Keele y Jennifer Wolak

Publicado en Political Psychology, 29(5), pp. 653-673. (2008)

Chang y Wu (2023) sostienen que los votantes ambivalentes, en realidad, constituyen la mayor parte del electorado y por eso comprenden grupos distintos: votantes ambivalentes activos y votantes ambivalentes pasivos. Los activos son generalmente más jóvenes y educados, tienen motivos más fuertes para buscar información para ser ciudadanos responsables y muestran un mayor interés en la política que los pasivos.

Las diferentes formas en que interactúan con la información política interactiva representan dos estrategias comunes, amplificación y evitación, cuyas diferencias tienen implicaciones para la participación política. El concepto de ambivalencia, de hecho, tiene sus raíces en los modelos clásicos de participación que sostienen que cuando los votantes no perciben ninguna diferencia entre los partidos, la utilidad que obtienen de votar es inexistente, por lo que se abstienen. Esto se debe a que la ambivalencia crea conflictos internos, lo que dificulta el proceso de toma de decisiones y se traduce en una menor participación.

Sin embargo, los análisis empíricos que han puesto a prueba el vínculo entre ambivalencia y participación muestran un panorama mixto: algunos autores informan de un impacto negativo de la ambivalencia en la participación (Mutz, 2002) y otros concluyen que la ambivalencia no tiene un impacto positivo ni negativo en la participación (Lavine et al., 2012). No obstante, la ambivalencia tiene consecuencias para el compromiso político (Greene, 2005), la distribución de papeletas (split-ticket voting) (Mulligan, 2011) o cómo los votantes llegan a su decisión final (Bassinger y Lavine, 2005).

Artículo

Ambivalent attitudes promote support for extreme political actions

J. J. Siev & R. E. Petty

Publicado en Science Advances, 10, eadn2965. (2024)

Los ciudadanos ambivalentes dependen menos de su partidismo y sus decisiones finales son menos predecibles, razón por la cual los partidos los persiguen para persuadirlos durante las campañas electorales. Por lo tanto, sus decisiones pueden determinar los resultados electorales, especialmente en elecciones reñidas. Cuando la polarización ideológica entre los partidos es baja, la ambivalencia no influye en la participación electoral. Por el contrario, la ambivalencia tiende a frenar la participación electoral cuando los partidos están más polarizados. Además, el tamaño del efecto es mayor cuando los partidos son ideológicamente más distintos (Cakir, 2022).  Esto aporta una nueva perspectiva sobre cómo la polarización del sistema de partidos afecta al papel de la ambivalencia en la participación.  Es decir, complementa los hallazgos anteriores de que la polarización de los partidos aumenta la ambivalencia en lugar de disminuirla al hacer que los indiferentes sean más testarudos. Por tanto, ser ambivalente en contextos polarizados puede resultar en abstención (Cakir, 2022).

Bibliografía/s

  • BASSINGER, S.J. y LAVINE, H. (2005): Ambivalence, information, and electoral choice. American Political Science Review, 99(2): 169–184.
  • CAKIR, S. (2022): Does party ambivalence decrease voter turnout? A global analysis. Party Politics, 28(4): 713–726.
  • CHANG, C. y WU, C. (2023): Active vs. Passive Ambivalent Voters: Implications for Interactive Political Communication and Participation. Communication Research, 50(7): 828-853.
  • CRAIG, C., COSSETTE, P. y MARTÍNEZ, M. (2020): Partisan Ambivalence and Electoral Decision Making. American Review of Politics, 37(1): 1-28.
  • GREENE, S. (2005): The Structure of Partisan Attitudes: Reexamining Partisan Dimensionality and Ambivalence. Political Psychology, 26(5): 809-822.
  • KEELE, L. y WOLAK, J. (2008): Contextual Sources of Ambivalence. Political Psychology, 29(5): 653–673.
  • LAVINE, H.G., JOHNSTON, C.D. y STEENBERGEN, M.R. (2012): The Ambivalent Partisan: How Critical Loyalty Promotes Democracy. Oxford: Oxford University Press.
  • MULLIGAN, K. (2011): Partisan ambivalence, split-ticket voting, and divided government. Political Psychology, 32(3): 505–530.
  • MUTZ, D.C. (2002): The Consequences of Cross-cutting Networks for Political Participation. American Journal of Political Science, 46(4): 838–855.
  • RUDOLPH, T.J. (2011): The Dynamics of Ambivalence. American Journal of Political Science, 55(3): 561–573.