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Aislamiento social

Se define como un fenómeno, individual o grupal, voluntario o forzado, que lleva a un individuo o a un grupo a alejarse del entorno social general. Las causas de este tipo de asilamiento son múltiples y variadas dependiendo de su naturaleza. En lo referente a la polarización, este tipo de alejamiento se manifiesta como la tendencia a discriminar o a alejarse de otros por motivos políticos. Así, el aislamiento social individual se produce por un rechazo al individuo o por la autopercepción de no sentirse integrado dentro del grupo social al que pertenece, actuando sobre él procesos de estigmatización y, en ocasiones, de acoso, lo que provoca una total desafección social. En muchas ocasiones, estos procesos de autoaislamiento parten de causas políticas y/o sociales basadas en prejuicios. Por su parte, el proceso de aislamiento social grupal se manifiesta cuando un conjunto de personas, de manera voluntaria o forzada, se aísla del entorno social general. Las causas de este alejamiento pueden ser de diversa índole: económica, política, cultural o religiosa, entre otras, pudiendo confluir de manera multicausal o por separado, en la que una de ellas sea la predominante.

Los procesos de aislamiento social forzoso están íntimamente relacionados con los conceptos de discriminación, segregación y marginación. A su vez, el fenómeno del aislamiento social grupal voluntario puede estar propiciado por procesos de resocialización (socialización terciaria) o vinculado a procesos de resistencia contra la cultura mayoritaria, todo esto llevado a cabo por parte de comunidades o grupos culturalmente homogéneos, normalmente minoritarios. En una aproximación al término aislamiento social grupal, cuya naturaleza se caracteriza por su origen forzoso, se debe de tener en cuenta el componente de discriminación social que actúa sobre el grupo. Según Durán (1994), se entiende por discriminación social al trato injusto, injustificado y discrecional en la atribución de restricciones o adscripción de beneficios y privilegios.

La discriminación puede tener una orientación positiva o negativa, en función de si la pertenencia a un determinado grupo privilegia a este sobre el conjunto (positiva), o negativa si sitúa a un colectivo en una posición de marginación o exclusión social. En este segundo caso, el aislamiento social deriva en una pérdida de derechos políticos y sociales, relegando a este conjunto de personas a los márgenes de la sociedad. Este tipo de segregación social forzada es análogo al concepto de marginación, entendido este como un estado en el que el individuo o grupo no es considerado parte del conjunto de la sociedad mayoritaria y se le relega a posiciones periféricas en las que se le priva de la participación política y del pleno ejercicio de sus derechos.

El primer autor del que se tiene referencia utilizando el término marginalidad es Park (1928: 892) el cual afirma que «El hombre marginal es una persona condenada a vivir en dos sociedades y en dos culturas no sólo diferentes sino antagónicas». Por su parte, en su estudio sobre la marginalidad, Perlman (1979) distingue cuatro tipos de marginalidad: residencial (en relación con el espacio geográfico y las condiciones de vida), cultural y/o social (referente a minorías, subculturas o grupos con comportamientos considerados socialmente desviados), económica y la política (atribuida a aquellos que desconocen los mecanismos de participación y/o no los ejercen). Derivado de estas situaciones de polarización, el aislamiento social responde a un proceso de exclusión de los ámbitos de decisión y poder considerados socialmente normalizados.

En contraposición al aislamiento social forzado se encuentra aquel que tiene carácter voluntario. Algunos posicionamientos teóricos cuestionan la voluntariedad de este aislamiento, ya que afirman que, en muchos casos, este fenómeno es de carácter reactivo, ya que implica que otros agentes de socialización externos actúan para provocar esta situación. Sin embargo, en muchas ocasiones se trata de una decisión consciente y no siempre asociada a situaciones de marginalidad extrema, pudiendo responder a casusas, de nuevo, políticas, religiosas o culturales. Tal es el caso de ciertos lobbies, grupos de odio o radicales, bandas terroristas, organizaciones de crimen organizado, entre otros. Sea como fuere, mayoritariamente, este tipo de aislamiento social responde a procesos de resocialización o socialización terciaria que conforman nuevas pautas identitarias en forma de tribus fuertemente segregadas.

Estos nuevos valores y hábitos están dotados de una ética propia, conforman una identidad social fuerte, poseen un corpus normativo diferente y se perciben como una desviación social. Además, estos procesos de resocialización devienen en pertenencia o integración en grupos socialmente aislados que se vinculan a prácticas llevadas a cabo en lo que Goffman (2009) define como instituciones totales. Desde esta perspectiva, el grupo se constituye como una estructura que actúa como agente de resocialización, regulando de manera férrea la actividad del individuo, imponiendo una identidad grupal y restringiendo la comunicación con el exterior. Como consecuencia de esto se da una predisposición política hacia el aislamiento que produce una incomunicación de la tribu. Todo ello, con el fin de integrar de manera racional en cada uno de sus miembros un nuevo rol que les permita lograr objetivos propios del colectivo.

Artículo

Globalización y cultura: impacto de la integración económica y tecnológica en identidades sociales y tradiciones locales globales y locales

M. R. Quintana Bernal, M. J. Sancan Rivera, M. V. Landázuri Castillo, D. G. Abril Cócheres y M. E. Mora Pita

Publicado en en LATAM, Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 5(4), pp. 1616–1637. (2024)

El aislamiento social voluntario también puede tratarse desde el enfoque teórico de la resistencia basada en las batallas culturales que pueden dar respuesta a procesos de aislamiento social voluntario. Según enuncia Willis (1988), la resistencia es un fenómeno contracultural reactivo. Esta se lleva a cabo por parte de un grupo de una determinada subcultura (minoría social) hacia los valores o prácticas de una cultura (sociedad) dominante. La acción resistente pasa por el ejercicio de prácticas subversivas que socaven la autoridad institucional general y de los mecanismos de asimilación y/o integración social, lo que se transforma en una fuerte autoafirmación identitaria por parte del grupo minoritario, y lleva su aislamiento social voluntario. Los procesos de resistencia no solo se producen entre grupos mayoritarios y minoritarios dentro de una misma sociedad, sino que también pueden afectar a culturas o países, siendo especialmente reactivos a los procesos de globalización.

Bibliografía/s

  • DURÁN, M.A. (1994): Viejas y nuevas desigualdades: la dialéctica entre observadores y observados. Revista Internacional de Sociología, 8-9: 61-87.
  • GOFFMAN, E. (2009): Internados: Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. Buenos Aires: Amorrortu.
  • PARK, R.E. (1928): Human Migration and the Marginal Man. American Journal of Sociology, 33(6): 881–893.
  • PERLMAN, J. (1979): The Mith of Marginality Urban Poverty and Politics in Río de Janeiro. Berkeley: University of California Press.
  • WILLIS, P. (1988): Aprendiendo a trabajar: cómo los chicos de la clase obrera consiguen trabajos de clase obrera. Madrid: Akal.