Cuando se habla de actitudes políticas, se hace referencia a uno de los componentes fundamentales de la cultura política, entendida esta como el conjunto de orientaciones compartidas por los miembros de una sociedad respecto del sistema político en el que viven. Estas actitudes expresan cómo las personas perciben, sienten y valoran las instituciones, los actores y los procesos políticos, y son claves para comprender el modo en que se configura la relación entre la ciudadanía y el sistema democrático.
Uno de los aportes más influyentes al estudio de las actitudes políticas proviene de los politólogos Gabriel Almond y Sidney Verba, quienes en su obra clásica de 1963 propusieron una tipología tripartita de las orientaciones políticas. Según estos autores, las actitudes pueden ser de carácter cognitivo, cuando se refieren al conocimiento que el ciudadano tiene sobre el sistema político y sus componentes; afectivo, cuando implican emociones o sentimientos hacia ese sistema; o evaluativo, cuando se manifiestan en juicios de valor sobre su funcionamiento. Aunque esta clasificación ha sido muy influyente en la literatura politológica, con el tiempo se ha reconocido que muchas actitudes políticas combinan simultáneamente estos tres elementos, lo que dificulta su encasillamiento estricto dentro de una sola categoría.
Las actitudes políticas se manifiestan en distintos planos. Uno de los más relevantes es el de las percepciones y valoraciones que los ciudadanos tienen respecto de las instituciones, los actores políticos y el régimen democrático en su conjunto. En este ámbito, adquiere especial importancia la noción de confianza política, entendida como la creencia de que las instituciones cumplirán con sus funciones de manera adecuada, incluso sin una vigilancia constante por parte de la ciudadanía. Esta confianza, tal como señalan autores como Citrin y Muste (1999), es esencial para el funcionamiento eficiente del sistema democrático, ya que reduce los costos de transacción en la vida política y fomenta la cooperación entre los distintos actores sociales y estatales.
Relacionado con ello aparece el concepto de eficacia política externa, que remite a la percepción del ciudadano sobre la receptividad de las autoridades y las instituciones frente a sus demandas y preocupaciones. Cuando las personas perciben que sus voces no son escuchadas o que existe una brecha creciente entre sus intereses y las decisiones políticas, tienden a desconfiar del sistema, lo cual puede derivar en una menor participación y en una creciente desafección.
Artículo
Confianza social, confianza política y satisfacción con la democracia
J. Montero, S. Zmerli y K. Newton
Publicado en REIS, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 122(1), pp. 11-54. (2008).
Otro aspecto central de las actitudes políticas tiene que ver con la implicación personal del ciudadano en la vida política. Esta se expresa a través de variables como el interés por la política y la eficacia política interna. El interés político alude a la curiosidad, atención e involucramiento que las personas muestran hacia los asuntos públicos, mientras que la eficacia interna se refiere a la percepción subjetiva de la propia capacidad para comprender y participar activamente en los procesos políticos. Diversos estudios han demostrado que estos factores están estrechamente relacionados con la participación ciudadana. Así, cuando un individuo siente que tiene las herramientas para incidir en la política y muestra interés en ella, es más probable que participe de manera activa, ya sea votando, deliberando, militando o involucrándose en iniciativas cívicas.
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¿Es defendible la posverdad como actitud política?
Canal UNED
La percepción de autoeficacia, según concluye Mannarini (2008), tiene un efecto directo sobre la disposición de las personas a involucrarse políticamente: bajos niveles de autoeficacia tienden a desalentar la participación activa y empujan al individuo a replegarse hacia la esfera privada. Sin embargo, la participación política, en tanto acto colectivo, no puede pensarse como un fenómeno individualizado o cerrado sobre sí mismo. Participar implica exponerse al vínculo con los otros, reconocer la influencia de la sociedad sobre el individuo, pero también ejercer la voluntad de influir en esa misma sociedad.
En síntesis, las actitudes políticas permiten comprender el modo en que los ciudadanos se vinculan con la política: si lo hacen desde la confianza o la desconfianza, desde el interés o la indiferencia, desde el compromiso o la apatía. Su análisis resulta imprescindible para evaluar el estado de salud de una democracia, ya que de ellas depende, en buena medida, el grado de participación, de legitimidad y de estabilidad del sistema político.